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CPS 56 La huelga de hambre mapuche y el escenario político nacional

La huelga de hambre

La huelga de hambre mapuche obligó al gobierno de la derecha a negociar y ceder: tuvo que adelantar la reforma a la ley antiterrorista –aunque es un maquillaje, que incluso en algunos puntos endurece la ley original, con la “delación compensada” y el “delito de amenaza”-;  tuvo que impulsar restricciones a la justicia militar; tuvo que recurrir a la mediación de la iglesia y terminar negociando el retiro de las querellas que hacían uso de la Ley Antiterrorista. Esto último constituye un triunfo de los huelguistas, aunque es necesario permanecer en estado de alerta, porque el Ministerio Público, intenta mostrarse “independiente” del gobierno, y no da signos de obrar en el mismo sentido.

Diez comuneros permanecen en huelga de hambre. Mientras redactamos estas líneas, Rodrigo Curipán, vocero de los huelguistas de Angol, anuncia que ha habido una reunión satisfactoria con el presidente de la Corte Suprema, Milton Juica, pero que no se bajará aun la huelga de hambre: “Hoy día nos vamos con una sensación de que nos escuchó, compartió nuestra decisión y considera que cada una de las denuncias que nosotros hemos hecho no son cuestiones descabelladas” (www.emol.cl, 7 de octubre). Esta actitud de la justicia patronal revela un claro contraste con la actitud que inicialmente mantuvo el personal gubernamental y el conjunto de instituciones políticas de los empresarios. Reinó en ellos la indiferencia. Luego, la intransigencia. En el camino, la Concertación se hizo demagógica y empezó a criticar al gobierno. El gobierno, a su vez, se percató de que la huelga y el peligro real de fallecimiento de un comunero, implicaba una crisis política, por ello hizo un giro y comenzó a dar señales como las arriba mencionadas. De ese modo, el problema mapuche, se instaló en la escena política nacional. Y los empresarios y sus políticos tienen que dar cuenta del problema.

Al interior de la derecha, la negociación del gobierno con los huelguistas, generó críticas. Pablo Longueira sacó a relucir el exceso de “personalismo” de Piñera, justamente en este contexto. Pero han sido los empresarios dueños de camiones y agricultores de La Araucanía, los más molestos con la “cedida” de Piñera a los comuneros. Quieren evitar a toda costa que esto siente un precedente.

El escenario político nacional

Contradictoriamente, el haber accedido a negociar y ceder el punto de las querellas, le ha permitido al gobierno cerrar la crisis política. Esta crisis sí tuvo sus efectos. No es casual que pese al enorme despliegue gubernamental en el marco del “Bicentenario”, y a la campaña de “unidad nacional” que han llevado adelante con el accidente minero –que busca mostrarlo como capacitado a la hora de gestionar crisis-, el gobierno no haya aumentado su popularidad, y por el contrario, haya caído un 3% en la Adimark, a un 53%. Aun así, estos efectos no significan un debilitamiento. Ahora, cerrada la crisis política, el gobierno vuelve a concentrar la iniciativa plenamente en sus manos, sin factores que lo pongan en aprietos. Prepara un gran despliegue comunicacional con el pronto rescate de los 33 mineros enterrados en San José. Quiere exhibir ante el mundo entero su “capacidad” y una supuesta amistad con los trabajadores. Estaba en el cálculo gubernamental, que el rescate de los mineros eclipsaría los efectos de la huelga de hambre mapuche.

Quizá envalentonados con el clima reaccionario en el país, la UDI aprovecha para cobrar venganza por el caso de Jaime Guzmán, exigiendo la extradición de Galvarino Apablaza desde Argentina. El diputado Chadwik, de la UDI, se permite “vociferar” contra el gobierno argentino y la CONARA que le han otorgado asilo político al ex militante del FPMR, aunque el gobierno y la Concertación saben que no pueden “escalar” el conflicto por un asunto como el de Apablaza, al punto de tensar las relaciones bilaterales. Por ello el gobierno sólo suspendió las reuniones bilaterales con la nación trasandina.

Que el escenario político sea reaccionario, es decir, desfavorable para la clase trabajadora y el pueblo pobre, tiene que ver también con la enorme subordinación de la Concertación. Ésta, terminó alineada con el gobierno en la votación por la Ley Antiterrorista. En cada “punto crítico” de la política nacional, ha actuado tras la política derechista: ante el terremoto, ante el accidente minero, y ante la huelga de hambre mapuche. Incluso ante la petición de extradición de Apablaza, actúan a la cola de la derecha. De este modo no consigue perfilarse como oposición. Su agotamiento histórico pesa más. No es casual que el 5 de octubre hayan llevado a menos de 200 personas a su acto por el aniversario del NO en la región de Valparaíso. Fue penoso –para ellos- ver sillas vacías en una fecha tan simbólica.

El PC, en este marco, tampoco consigue ofrecer una alternativa. Durante la huelga de hambre mapuche, no desplegaron sus fuerzas en pos de rodearla de solidaridad activa, aprovechando su peso en sindicatos y federaciones estudiantiles. Hubo algunos gestos, como un ayuno de Cristián Cuevas (CUT) y Julio Sarmiento (Fech), pero no movilizaciones, ni paros. Aunque dirigen la CTF, en el sur, no organizaron un paro. Pese a que comunidades mapuche, cuando asesinaron a Rodrigo Cisternas, enviaron delegaciones de apoyo, y pese a que el sector forestal hay una alta presencia de obreros mapuche.

De este modo –como fruto de la política de las direcciones oficiales de la clase obrera- la pasividad predomina. Aunque surgen algunas huelgas aisladas como la de los trabajadores de FASA.

El gobierno derechista puede desplegar sus campañas reaccionarias sin mayores percances. No hay direcciones políticas con peso nacional que quieran enfrentarlo en serio. Tampoco sindicales o estudiantiles.

Hace falta una alternativa. Hay que poner en pie un Partido de Trabajadores Revolucionario. Ante el escenario actual, es necesario luchar unitariamente por la derogación de la Ley Antiterrorista y la libertad a todos los presos políticos. Por el derecho a la autodeterminación nacional del pueblo mapuche. Y sellar la unidad de trabajadores y pueblos originarios, contra los capitalistas agrícolas y forestales que mantienen la opresión. También es necesario desplazar a los actuales dirigentes oficiales de la clase obrera, que con sus diálogos estériles, obstaculizan que ésta actúe con sus fuerzas contra los explotadores, poniendo tras de sí a los oprimidos.

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quince no rima con linc o si, aveces gracias ni hay de queso no mas d epapa