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Los ultraizquierdistas en general y los incurables en particular

León Trotsky. 28 de septiembre de 1937.

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La ideología marxista es concreta, es decir que comprende todos los factores decisivos importantes de una cuestión determinada, no sólo en sus relaciones recíprocas, sino también en su desarrollo. No diluye la situación del momento presente en la perspectiva general; sino que mediante la perspectiva general, hace posible el análisis de la situación presente con todas sus particularidades. Precisamente, es con este análisis concreto como comienza la política. La manera de pensar oportunista, así como la sectaria, tienen un rasgo en común: que extraen de la complejidad de las circunstancias y de las fuerzas en presencia, uno o dos factores que les parecen los más importantes -y que a veces lo son realmente-, los aíslan de la realidad compleja y les atribuyen una fuerza sin límites ni restricciones.

Durante mucho tiempo antes de la guerra, el reformismo se ha servido de esta manera de factores muy importantes pero temporales: el fuerte desarrollo del capitalismo, la elevación del nivel de vida del proletariado, la estabilidad de la democracia, etc. Es el sectarismo quien se sirve ahora de las tendencias y factores más importantes: el declive del capitalismo, el descenso en el nivel de vida de las masas, la descomposición de la democracia, etc. Pero, lo mismo que el reformismo de la época precedente, el sectarismo transforma las tendencias históricas en factores omnipotentes y absolutos. Los “ultraizquierdistas” detienen su análisis justo donde éste comienza. Oponen a la realidad un esquema prefabricado. Ahora bien, las masas viven en la realidad. Y por esto el esquema sectario no tiene la menor influencia en la mentalidad de los obreros. Por su misma esencia, el sectarismo está consagrado a la esterilidad.

El capitalismo imperialista no es capaz ya de desarrollar las fuerzas productivas de la humanidad, y por esta razón, no puede dar a los obreros ni concesiones materiales ni reformas sociales efectivas. Todo esto es exacto. Pero todo esto no es exacto más que a escala de toda una época. Existen ramas de la industria que después de la guerra se han desarrollado con una fuerza prodigiosa (la del automóvil, la aviación, electricidad, radio) pese al hecho de que el nivel general de la producción no se eleve o se eleve muy poco, por encima del nivel de antes o de durante la guerra. Esta economía podrida tiene además sus flujos y reflujos. Los obreros no terminan casi nunca con su lucha, que a veces sale victoriosa. Es exacto que el capitalismo quita a los obreros con la mano derecha lo que les da con la izquierda. Por eso el aumento de los precios anuló las grandes conquistas de la época León Blum*. Pero este resultado, determinado por la intervención de diferentes factores, empuja a su vez a los obreros a continuar en el camino de la lucha. Es precisamente esta dialéctica poderosa de nuestra época la que abre una perspectiva revolucionaria.

Un líder sindical que se deje guiar exclusivamente por la tendencia general del capitalismo a pudrirse para renunciar a toda lucha económica y parcial, será, en efecto, a pesar de sus concepciones “revolucionarias”, un agente de la reacción. Un líder sindicalista marxista debe no sólo considerar las tendencias generales del capitalismo, sino analizar también los factores específicos de la situación, la coyuntura, las condiciones locales y también el elemento psicológico, para proponer una actitud de lucha, de expectativa o de retroceso.

Es sólo sobre la base de esta actividad práctica íntimamente ligada a la experiencia de la gran masa, como el líder sindical puede poner al desnudo las tendencias generales del capitalismo putrefacto y educar a los obreros para la revolución.

Es cierto que nuestra época se caracteriza políticamente por una lucha a muerte entre el socialismo (comunismo) y el fascismo. Pero, desgraciadamente, esto no significa que el proletariado sea ya y en todas partes consciente de esta alternativa, ni que pueda, en un país determinado, en un momento dado, desinteresarse de la lucha parcial para salvaguardar sus libertades democráticas. La alternativa fundamental: comunismo o fascismo, establecida por Lenin, se ha convertido para muchos en una fórmula hueca de la qué se sirven demasiado a menudo los centristas de izquierda para cubrir sus capitulaciones, o los sectarios para justificar su inacción.

Refiriéndonos al gobierno de la Generalidad de Cataluña, el desgraciado Andrés Nin* comenzó su declaración radiada con la tesis siguiente: “La lucha que comienza no es la lucha entre la democracia burguesa y el fascismo, como piensan algunos, sino entre el fascismo y el socialismo” (…) No obstante, Nin ha transformado prácticamente la fórmula leninista en su contraria: ha entrado en un gobierno burgués que tenia por objetivo expoliar y asfixiar todas las conquistas, todos los puntos de apoyo de la revolución socialista naciente. El fondo de su pensamiento era aproximadamente éste: puesto que esta revolución es una revolución socialista “por esencia” nuestra entrada en el gobierno no puede hacer otra cosa que ayudarla (…)

Si los centristas de izquierda se cubren con Lenin para encerrar la revolución en su marco primitivo, es decir el de la democracia burguesa, los ultraizquierdistas apoyan en la misma alternativa leninista el derecho a ignorar y a “boicotear” el desenvolvimiento real de la revolución (…)

La alternativa: socialismo o fascismo, significa solamente, y es bastante importante, que la revolución española no puede ser victoriosa más que por la dictadura del proletariado. Pero esto no significa de ninguna manera que la victoria esté asegurada por adelantado. Se trata también, y toda la tarea política está ahí, en transformar esta revolución híbrida, confusa, medio ciega y medio sorda, en revolución socialista. Hace falta no sólo decir lo que es, sino también saber partir de lo que es. Los partidos dirigentes, incluyendo hasta los que hablan de socialismo el POUM entre ellos, hacen todo lo que pueden por impedir la transformación de esta semirrevolución, mancillada y desfigurada, en revolución consciente y terminada. La clase obrera, empujada por su instinto consigue, ciertamente, en los momentos de culminación revolucionaria, colocar jalones importantes en el camino del socialismo. Pero no son más que jalones que en el momento del reflujo son barridos por los partidos dirigentes (…)

Hace falta sobrepasar las dificultades materiales mediante la acción, es decir mediante una táctica apropiada a la realidad.

La lucha militar en España está dirigida actualmente, de un lado por Franco, del otro por Negrín-Stalin. Si Franco representa el fascismo, Negrín-Stalin de ninguna manera representan al socialismo. Al contrario, representan un freno “democrático” que impide el movimiento hacia el socialismo. La alternativa histórica: comunismo o fascismo, no ha encontrado todavía su expresión política. Lejos de ello (…)

Los centristas de izquierda como los incurables “ultraizquierdistas” citan a menudo el ejemplo de la política bolchevique en el conflicto Kerensky-Kornilov, sin comprender nada. El POUM dice: “Pero los bolcheviques luchaban junto a Kerensky”. Los ultraizquierdistas responden: “Pero los bolcheviques negaron, hasta frente a la amenaza de Kornilov, toda confianza a Kerensky”. Los dos tienen razón… a medias, es decir, los dos se equivocan completamente. Los bolcheviques no permanecieron neutrales entre el campo Kerensky y el de Kornilov. Aceptaron el mando oficial, mientras no fueron lo suficientemente fuertes para derribarlo. Es precisamente del mes de agosto, cuando se produce el levantamiento de Kornilov, del que data la ascensión prodigiosa de los bolcheviques. Esta ascensión no fue posible más que gracias al doble aspecto de la política bolchevique. Al participar en primera línea en la lucha contra Kornilov, los bolcheviques no tenían la menor responsabilidad por la política de Kerensky, al contrario, la denunciaban como responsable del asalto reaccionario y como incapaz de dominarlo. Es así como se prepararon las premisas políticas de la Revolución de Octubre, en la que la alternativa: bolchevismo o contrarrevolución (comunismo o fascismo), de ser una tendencia histórica llegó a ser una realidad viva e inmediata.

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quince no rima con linc o si, aveces gracias ni hay de queso no mas d epapa