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El control obrero de la producción

El control obrero de la producción

El control obrero de la producción

León Trotsky. 1931. Extractos

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(…) La primera pregunta que surge en relación con esto es la siguiente: ¿podemos presentar el control obrero de la producción como un régimen estable, por supuesto que no eterno, pero de una duración bastante larga? Para contestar a esta pregunta es preciso determinar más claramente la naturaleza de clase de este régimen. El control se encuentra en manos de los trabajadores. Esto significa que la propiedad y el derecho a enajenarla continúan en manos de los capitalistas. Por lo tanto, el régimen tiene un carácter contradictorio, constituyéndose una especie de interregno económico.

Los obreros no necesitan el control para fines platónicos, sino para ejercer una influencia práctica sobre la producción y sobre las operaciones comerciales de los patronos. Sin embargo, esto no se podrá alcanzar a menos que el control, de una forma u otra, dentro de ciertos límites, se transforme en gestión directa. En forma desarrollada, el control implica, por consiguiente, una especie de poder económico dual en las fábricas, la banca, las empresas comerciales, etc.

Si la participación de los trabajadores en la gestión de la producción ha de ser duradera, estable, “normal”, deberá apoyarse en la colaboración y no en la lucha de clases (…)

¿Qué régimen estatal corresponde al control obrero de la producción? Es obvio que el poder no está todavía en manos de los trabajadores, pues de otro modo no tendríamos el control obrero de la producción, sino el control de la producción por el estado obrero como introducción a un régimen de producción estatal basado en la nacionalización. De lo que estamos hablando es del control obrero bajo el régimen capitalista, bajo el poder de la burguesía. En cualquier caso, una burguesía que se sienta firmemente asentada en el poder nunca tolerará la dualidad de poder en sus empresas. El control obrero, en consecuencia, solamente puede ser logrado en las condiciones de un cambio brusco en la correlación de fuerzas desfavorable a la burguesía por la fuerza, por un proletariado que va camino de arrancarle el poder, y por tanto también la propiedad de los medios de producción. Así pues, el régimen de control obrero, un régimen provisional y transitorio por su misma esencia, sólo puede corresponder al período de las convulsiones del Estado burgués, de la ofensiva proletaria y el retroceso de la burguesía, es decir, al período de la revolución proletaria en el sentido más completo del término (…)

En las condiciones señaladas a grandes rasgos más arriba, especialmente características de Alemania en estos momentos, la dualidad de poder en el país puede desarrollarse precisamente a partir del control obrero como fuente principal (…)

En cierto sentido, los consejos de fábrica son la realización del frente único de la clase obrera. Ampliarán y profundizarán esta función con el ascenso de la ola revolucionaria. Su papel crecerá, como lo harán sus incursiones en la vida de la fábrica, de la ciudad, de las ramas de la industria, de las regiones y, finalmente, de todo el Estado. Los congresos provinciales, regionales y nacionales de los consejos de fábrica pueden servir como base para los órganos que desempeñarán de hecho el papel de los soviets, esto es, para los órganos de doble poder. Arrastrar a los trabajadores socialdemócratas a este régimen por medio de los consejos de fábrica será mucho más fácil que llamar a los obreros directamente a construir los soviets un día determinado y a una hora dada (…)

El cuerpo central de los consejos de fábrica de una ciudad puede cumplir ampliamente el papel del soviet de la ciudad. Esto pudo observarse en Alemania en 1923. Extendiendo sus funciones, abordando por sí mismos tareas cada vez más audaces y creando sus propios órganos federales, los consejos de fábrica pueden convertirse en soviets, uniendo estrechamente a los trabajadores socialdemócratas y comunistas; y pueden servir como base organizativa de la insurrección. Después de la victoria del proletariado, estos consejos de fábrica/soviets tendrán naturalmente que separarse en consejos de fábrica propiamente dichos y soviets, éstos como órganos de la dictadura del proletariado (…)

Los epígonos han adoptado de una forma puramente mecánica la noción de que el control obrero de la producción, así como los soviets, solamente puede ser realizado en condiciones revolucionarias (…)

¿Es posible avanzar precisamente ahora, de todos modos , la consigna del control obrero? ¿Ha madurado la situación revolucionaria lo bastante para ello? No existe ningún termómetro que permita determinar de forma inmediata y precisa, la temperatura de la situación revolucionaria. Es obligatorio determinarla en la acción, en la lucha, con la ayuda de los más variados instrumentos de medida. Uno de estos instrumentos, quizás uno de los más importantes en las condiciones existente, es precisamente la consigna del control obrero de la producción.

La significación de esta consigna se basa principalmente en el hecho de que sobre su base puede ser preparado el frente único de los trabajadores comunistas con los socialdemócratas, los sin partido y los cristianos (…) El frente único revolucionario de la clase obrera significa ya, en sí mismo, un golpe político fatal para el fascismo (…)

La consigna del control obrero puede ser extraordinariamente útil en este aspecto. De todos modos, debe ser abordada correctamente. Avanzada sin la preparación necesaria, como una orden burocrática, la consigna del control obrero puede no solamente mostrarse como un disparo de fogueo sino que, más aún, puede comprometer al partido a los ojos de las masas obreras socavando la confianza en él, incluso entre los trabajadores que hoy le votan. Antes de lanzar oficialmente esta consigna fundamental, se debe medir bien la situación y prepararle el camino.

Debemos empezar desde abajo, desde la fábrica, desde el taller. Los problemas del control obrero deben ser puestos a prueba y adaptados al funcionamiento de ciertas empresas industriales, bancarias y comerciales típicas. Debemos tomar como punto de partida casos especialmente claros de especulación, lock-out encubierto, ocultación pérfida de beneficios destinada a reducir los salarios o exageración mendaz de los costes de producción con el mismo propósito, etc. En una empresa que haya caído víctima de tales maquinaciones, debe ser a través de los trabajadores comunistas como se sienta el estado de ánimo del resto de las masas obreras, sobre todo de los obreros socialdemócratas: en qué medida estarían dispuestos a responder a la exigencia de abolir el secreto comercial y establecer el control obrero de la producción. Utilizando la ocasión proporcionada por casos individuales particularmente claros, debemos comenzar estableciendo directamente el problema y continuar con una propaganda persistente, y medir de este modo la fuerza de resistencia del conservadurismo socialdemócrata. Ésta sería una de las mejores formas de establecer en qué medida ha madurado la situación revolucionaria.

El tanteo preliminar del terreno supone una elaboración simultánea, teórica y propagandística, de la cuestión del partido, una instrucción seria y objetiva de los trabajadores avanzados, en primer lugar de los miembros del consejo de fábrica, de los obreros sindicalistas prominentes, etc. Solamente el desarrollo de este trabajo preparatorio, esto es, el grado en que tenga éxito, puede sugerir en qué momento puede pasar el partido de la propaganda a la agitación abierta y a la acción práctica directa bajo la consigna del control obrero (…)

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quince no rima con linc o si, aveces gracias ni hay de queso no mas d epapa