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Dinero y poder político en la democracia neopinochetista

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Dinero y poder político en la democracia neopinochetista

Antonio Justo y Juan Valenzuela

Una junta de administración de los negocios capitalistas

Los empresarios y su “personal político” están preocupados. Los casos de corrupción, colusión, abusos, fraudes financieros y maniobras de elusión tributaria destapados durante el último tiempo, as en í como el escándalo de los “aportes” a los principales partidos del  binominal, profundizan la crisis de legitimidad del régimen político neo-pinochetista, heredado de la dictadura, abriendo mayores cuestionamientos a “los de arriba”. La crisis política abierta con el “Pentagate” vuelve a evidenciar la relación “orgánica” de los grandes propietarios con los políticos patronales del régimen (de la Alianza y la Nueva Mayoría), desnudando la naturaleza de clase de un régimen heredero de la dictadura ligado a los “poderes reales” de las grandes fortunas.

Lo expresó claramente el presidente de la CPC, Andrés Santa Cruz: “los políticos hacen filas para obtener recursos de campaña ante el empresariado (…) Todos los actores saben quiénes van en los desfiles (…) Lo que he dicho es algo que todos conocemos. Lo saben ustedes, lo saben todos. Yo lo que he hecho es decir las cosas en castellano, como corresponde”.

Guillermo Tagle, presidente del foro patronal Icare, se refiere a un “clima anti-empresarial”.

Con una hipocresía rayana en la prepotencia, quiere hacernos creer en la total falta de cálculos e intereses asociados a aquellos aportes empresariales a la política.“Algo que se ha perdido en la sociedad chilena es creer que hay gente que contribuye de buena voluntad porque apoya el servicio público. Quien aporta, hoy se expone a aparecer en una lista como que quisiera recibir un favor especial después” (El Mercurio– 12 de octubre).

¿Es mínimamente creíble que unos empresarios multimillonarios -que cada vez que se tocan sus intereses, aunque sea de modo ínfimo como con la reforma tributaria, ponen el grito en el cielo-, van a aportar a la política por mera “vocación pública” y sin esperar nada a cambio? ¿Y que unos políticos de la UDI, la Alianza o la Nueva Mayoría, van a recibir esos millones sin que eso incida en su inclinaciones políticas posteriores a la hora de ejercer sus roles?

Estamos ante un caso clásico en el que la clase dominante intenta hacer pasar sus intereses particulares como intereses generales de la sociedad. Pero en el Chile neoliberal esto cobra la forma de la prepotencia y la impunidad descarada. La definición del gobierno de los estados modernos como una “junta que administra los intereses de la clase dominante”, realizada por Marx en el Manifiesto Comunista, es plenamente pertinente. Boletas falsas, aportes reservados, a cambio de leyes favorables, espacios de lobby, atenuación de penas ante casos de colusión.

La “alianza orgánica” empresarios-políticos patronales

Vivimos revolcaos/ en un merengue/

Y en un mismo lodo/ Todos manoseaos

Enrique Santos Discépolo

¿Es el “Pentagate” excepción o regla? ¿Hay empresarios “honestos” que le pasan millones a los políticos de la Alianza y la Nueva Mayoría a cambio de un “bien general” y otros “turbios” que quieren corromper y obtener beneficios privados?

Veamos algunos casos: a) este caso, el “Pentagate” es un escándalo que pone en jaque a la UDI -ya golpeada “orgánicamente”; b) hace algunos meses se destapó -por su propio asesor- el financiamiento directo de varios millones a la diputada UDI Marta Isasi por parte del grupo Corpesca en la tramitación de la “Ley Longueira” (de Pesca) que entregó el mar a perpetuidad a 7 familias entre las que aparecieron personeros con intereses en el sector como el demócrata cristiano Zaldívar, el mismo que prestó su “cocina” para la reforma tributaria con los hermanos Fontaine de la derecha; Isasi también fue formalizada este año por el Ministerio Público por fraude al fisco en las asignaciones parlamentarias; c) el escándalo de las “donaciones reservadas”, una forma legal de financiamiento de diversas fortunas a coaliciones, partidos y candidatos del régimen binominal. Entre 2005 y 2013 -y sólo para financiar las elecciones de diputados y senadores-, se han repartido más de 60 millones de dólares entre Alianza y Concertación. El 75% lo recibe la derecha y el 25% restante, la Concertación, fórmula que se modifica en la presidencial. Entre los parlamentarios que más donaciones reciben, están el diputado UDI Ernesto Silva y el senador PPD Guido Girardi -un “progresista”. También algunos “outsiders” que critican las “malas prácticas” -el neoliberal Andrés Velasco- están en las redes, en este caso financiado por el grupo Penta.

Una práctica común y cotidiana para los capitalistas

Pero esto no es todo. También están los vínculos orgánicos, de familia, de herencias y fortunas, vínculos sociales y círculos empresariales y del poder en que se mueven conjuntamente. Familias, colegios, universidades, clubes sociales, directorios de empresas y partidos patronales. La “república oligárquica” en forma, atada por uno y mil lazos a los empresarios nacionales y al imperialismo y el capital extranjero. Una clase social en la que las prácticas de la corrupción son cotidianas y comunes. Veamos algunos casos recientes: a) El Tribunal de la Libre Competencia acaba de sancionar con la multa más grande en la historia (aunque así y todo, es una miseria en comparación a lo que roban) a tres grandes empresas por el caso “colusión pollos”: Agrosuper, Ariztía y Don Pollo deberán pagar 60 millones de dólares y ordenó suprimir su gremio porque se probó la “colusión” de aumentos de precios de forma coordinada, que afectan en su mayoría al pueblo trabajador. b) El reciente caso “Cascadas”, con los acuerdos entre el ex yerno de Pinochet, Julio Ponce Lerou, dueño de SQM (privatizada en dictadura) y magnates de la Bolsa de Comercio de Santiago, de la corredora Vial, que hicieron sobre 300 millones de dólares (un sector donde se concentran miles de millones de dólares “invertidos” en grandes empresas y fortunas, sustraídos como porcentaje de “previsión” de los míseros sueldos de la gran mayoría de la clase trabajadora del país apropiadas por las AFP, Bancos y Empresas). c) El “caso La Polar”, donde un grupo de grandes privilegiados (fácilmente caben en un baño) estafó a medio millón de trabajadores con “repactaciones unilaterales” aumentando deliberadamente las deudas, todo esto en pleno período de movilización de masas 2011 lideradas por el movimiento estudiantil, y que sepultó la imagen de los empresarios en medio de la crisis de confianza en todas las instituciones de la “República” pactada.

Los de arriba” no pueden seguir gobernando como antes

Sacudidos por la corrupción y los estrechos vínculos entre el dinero y la política del régimen, se acusan y se denuncian unos y otros, hacen tratativas, buscan acuerdos seniles. Pero están cuestionados, poniendo límites a su acción, como muestra la preocupación por un cierto “ánimo anti-empresarial”.

La crisis del Pentagate golpea duramente a la UDI, los “guardianes” del pinochetismo, “atrincherados en la defensa de cada espacio de la obra de la dictadura.Con ella, al conjunto del régimen político: sus instituciones, diputados, senadores, ministros, jueces. La “desafeccción” que notan los cientistas políticos es la enorme brecha existente y ampliándose entre los intereses de la mayoría de las masas trabajadoras y la minoría de empresarios capitalistas que junto a su “casta” de políticos millonarios viven en las condiciones jamás soñadas por los trabajadores y sectores populares.

Esa “brecha” abierta tras las movilizaciones de masas lideradas por el movimiento estudiantil el 2011 es la que intenta cerrar la Nueva Mayoría y el gobierno de Bachelet, que al estar cuestionado el régimen, adopta políticas de “transformismo” político con la promesa de un programa de reformas, políticas en este caso, como la promesa de Nueva Constitución junto al fin del binominal y el cambio de la forma de financiamiento a la política. ¿Podrán cerrar los cuestionamientos, pasivizar la lucha de clases y abrir un nuevo ciclo de estabilidad política? Por ahora es difícil, haciendo todo más dinámico e inestable, al calor de las luchas políticas venideras en los marcos de las “reformas”.

La clase obrera ante la democracia neoliberal

¡Por una República de los Trabajadores!

El régimen político en Chile está ligado al poder del dinero, a las grandes fortunas y los propietarios. Su base es la propiedad privada de los medios de producción y distribución reconfigurada neoliberalmente con la dictadura pinochetista y las políticas concertacionistas. El 1% de los propietarios concentra el 30,5% de la riqueza nacional, mientras el 70% de los trabajadores gana menos de $400.000. Claramente es una base construida por medio de la sobreexplotación de los trabajadores, los sueldos de hambre y la precarización laboral. Ya sea encubierta o abiertamente (como quieren algunos “progresistas”), la clase capitalista financia y sostiene un “aparato político” y un “personal político” que les permite ejercer, mediante un poder organizado (Estado), su dominio sobre los explotados y los oprimidos.

Las “bases” de la corrupción están en las relaciones capitalistas y en las relaciones de explotación patronal, que enriquecen a una minoría a costa del trabajo de la mayoría. Por eso la eliminación de la “corrupción” no pasa por “prédicas morales”. Sólo destruyendo el capitalismo y su Estado y poniendo en pie una República de Trabajadores que termine con las grandes fortunas y que ponga las riquezas de la sociedad a disposición de las necesidades de la población, se podrá terminar con el vínculo entre el poder y el dinero. Un Estado basado en la autoorganización, con mecanismos de revocabilidad que permitan el control de todos los funcionarios del Estado, y en el que ningún funcionario gane más que un trabajador calificado, un Estado que retome lo mejor de las tradiciones de la Comuna de Paris, o los Soviets de Rusia antes de la burocratización estalinista.

Para preparar las condiciones para avanzar en esa perspectiva y contribuir a que la experiencia del proletariado y las masas oprimidas con esta democracia para ricos se acelere, la clase obrera debe tomar en sus manos, en conexión con sus objetivos propios y la tarea estratégica de derrotar a los capitalistas; consignas democráticas que cuestionen la herencia de la dictadura, así como las tareas democráticas de todos los sectores oprimidos.

Para terminar con los sueldos millonarios de los cargos electivos y altos funcionarios del estado: que todos los funcionarios y parlamentarios ganen lo mismo que el sueldo de un trabajador calificado. Hay que acabar con las instituciones “oligárquicas” con múltiples prácticas reservadas que escapan a la mirada del pueblo, como es el Senado, o incluso instituciones no electivas como el Tribunal Constitucional que vela por mantener el “espíritu” de la dictadura en las leyes. Hay que realizar juicios por jurado a los responsables de la corrupción. Instaurar la revocabilidad de cualquier cargo electivo. Cuestionar las instituciones autoritarias como la presidencia de la república. Acabar con las trabas para que los dirigentes obreros y de organizaciones sindicales y populares opten a cargos electivos. Esto debe ir de la mano del combate por una Asamblea Constituyente basada en la movilización obrera y popular y por cuestionar la privatización de los servicios, el subcontrato y toda obra neoliberal y las bases materiales de la explotación y el saqueo capitalista. Por impuestos progresivos a las grandes fortunas, con acceso efectivo a los registros contables de las empresas.

Junto a un programa de conjunto para terminar con la apropiación privada de la riqueza producida por los trabajadores, como nacionalización sin pago de los recursos estratégicos y de la banca bajo control de los trabajadores, hacia un gobierno de los trabajadores y el pueblo pobre.

 

20 de octubre de 2014

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1 Comment

  1. Alfredo A. Repetto Saieg 7 noviembre, 2014 at 7:24 pm

    Todo es un gran negociado para el capital. Lo son las finanzas y la especulación, la banca, la industria de los medicamentos, de la salud y de la alimentación; incluso la educación se entiende como una mercadería que se compra y se vende al mejor postor. Es la forma de reivindicar los intereses de la patronal por sobre las demandas de los trabajadores. En ese sentido, la primera batalla de la élite es contra los asalariados, a quienes explota en propio provecho.

    El otro gran combate del capital es el que libran los monopolios contra el pequeño empresariado. De hecho, los capitalistas son enemigos mortales unos de otros porque a mediano plazo los que controlan la situación destruyen a los menos rentables, concentrando la riqueza en unas cuantas manos, en las transnacionales. El capital es muy agresivo: está en guerra comercial permanente por los mercados de manera que la libre competencia y la racionalidad de la economía son una gran farsa que sufrimos quienes intentamos vivir de nuestro esfuerzo.

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