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Los soviets y la Asamblea Constituyente

Los soviets y la Asamblea Constituyente

 Los soviets y la Asamblea Constituyente

León Trotsky

Extractos de “Stalin, el gran organizador de derrotas”

Esperamos que no sea necesario plantear aquí el problema general de la democracia formal, es decir, de la democracia burguesa. Nuestra actitud con respecto a ella no tiene nada en común con la negación estéril del anarquismo. La consigna y las normas de la democracia se presentan bajo formas diversas para los diferentes países, según la etapa en que se encuentre la evolución de la sociedad burguesa. Las consignas democráticas contienen durante cierto tiempo ilusiones y engaños, pero encierran en su seno una fuerza política animadora: “Mientras la lucha de la clase obrera por todo el poder entero no esté a la orden del día, tenemos el deber de utilizar todas las formas de la democracia burguesa.” (Lenin, Obras, Vol. XX)

… Las consignas de la democracia formal conquistan o son capaces de conquistar no solamente a las masas pequeño burguesas sino, también, a las grandes masas obreras, precisamente porque les ofrecen la posibilidad (al menos aparente) de oponer su voluntad a la de los generales, los terratenientes y los capitalistas. La vanguardia proletaria educa a las masas sirviéndose de esta experiencia y las lleva hacia adelante.

… “Es un hecho histórico plenamente establecido y absolutamente indiscutible que en septiembre, octubre y noviembre de 1917, en virtud de una serie de condiciones particulares, la clase obrera de las ciudades, los soldados y los campesinos de Rusia estaban preparados de un modo excepcional para aceptar el régimen soviético y disolver el Parlamento burgués más democrático. Y pese a ello, los bolcheviques no boicotearon la Asamblea Constituyente, sino que participaron en las elecciones, tanto antes como después de la conquista del poder político por el proletariado… …incluso unas semanas antes de la victoria de la República Soviética, e incluso después de esta victoria, la participación en un Parlamento democrático burgués, lejos de perjudicar al proletariado revolucionario, le permite demostrar con mayor facilidad a las masas atrasadas por qué semejantes parlamentos merecen ser disueltos, facilita el éxito de su disolución, facilita “la caducidad política” del parlamentarismo burgués.” (V. I. Lenin, La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo)

… para triunfar de forma revolucionaria sobre el parlamentarismo, no se le debe negar estérilmente.

…  Toda laexperiencia del movimiento obrero mundial, del movimiento ruso en particular, prueba que los

oportunistas son siempre los primeros en agarrarse a los métodos parlamentarios y, en general, a todo aquello que, de cerca o de lejos, se parezca al parlamentarismo. Los mencheviques se agarraban a la actividad en la Duma, oponiéndola a la acción revolucionaria. La utilización de los métodos parlamentarios hace surgir inevitablemente todos los peligros ligados al parlamentarismo: ilusiones constitucionales, legalismo, tendencia a los compromisos, etc. No se pueden combatir estos peligros, estas enfermedades más que por medio de una orientación revolucionaria de toda la política. Pero el hecho de que los oportunistas prediquen la lucha por la Asamblea Nacional no es en absoluto un argumento que justifique por parte nuestra una actitud negativa hacia el parlamentarismo.

… Hay que conquistar el derecho de renunciar al parlamentarismo uniendo a las masas alrededor del partido y llevándolas a luchar abiertamente por la conquista del poder. Es ingenuo creer que se puede sustituir este trabajo por la simple renuncia a la utilización revolucionaria de los métodos y las  formas contradictorias y opresivas del parlamentarismo. Es en esto en lo que consiste el error más burdo de la resolución del Congreso, que hace aquí una vulgar cabriola ultraizquierdista.

… nuestro partido (el Partido Bolchevique, revolucionario) sólo ha llevado al proletariado a la dictadura porque defendía con energía, perseverancia y abnegación todas las consignas, todas las reivindicaciones de la democracia, incluidas la

representación popular basada en el sufragio universal, la responsabilidad del Gobierno ante los representantes del pueblo, etc. Sólo una agitación así permitió al partido proteger al proletariado de la influencia de la democracia pequeño-burguesa, eliminar la influencia de ésta sobre el campesinado, preparar la alianza de los obreros y los campesinos e incorporar a sus filas a los elementos revolucionarios más resueltos.

…  Si el Kuomintang (el partido de la reacción) se viese forzado a convocar la Asamblea Nacional, ¿es que la boicotearíamos en esta situación? No. Desenmascararíamos sin piedad la falsedad y la mentira del parlamentarismo del Kuomintang, las ilusiones constitucionales de la pequeña burguesía; exigiríamos la extensión integral de los derechos electorales; al mismo tiempo, nos lanzaríamos a la arena política para oponer en el curso de la lucha por el Parlamento, en el curso de las elecciones, y dentro del mismo parlamento, los obreros y los campesinos pobres a las clases poseedoras y sus partidos. Nadie se empeñará en predecir cuáles serían para el partido, actualmente reducido a una existencia clandestina, los resultados obtenidos así. Si la política fuese correcta, las ventajas podrían ser muy importantes. Pero en este caso, ¿no está claro que el partido puede y debe no solamente participar en las elecciones si las decide el Kuomintang, sino también exigir que traigan consigo una movilización de masas alrededor de esa consigna?

Políticamente, el problema está ya planteado; cada día que pase lo confirmará. En nuestra crítica del programa hemos hecho referencia a la probabilidad de una cierta estabilización económica en China. Posteriormente, los periódicos han aportado decenas de testimonios sobre el comienzo de una recuperación económica (véase el Boletín de la Universidad china). Ahora, ya no es una suposición, sino un hecho, aunque la recuperación no esté todavía más que en su primera fase. Pero es precisamente al principio cuando hay que percibir el sentido de la tendencia; si no, no se hace política revolucionaria, sino seguidismo. Lo mismo ocurre con la lucha política en torno a los problemas de la constitución. Ahora no es ya una previsión teórica, una simple posibilidad, sino algo más concreto. No es gratuito que el delegado chino haya vuelto varias veces sobre el tema de la Asamblea Nacional; no es por azar que el congreso ha creído necesario adoptar una resolución especial (y particularmente falsa) a este respecto. No es la Oposición la que ha planteado este problema, sino precisamente el desarrollo de la vida política en China. Aquí también hay que saber percibir la tendencia desde su inicio. Cuanto más intervenga el Partido Comunista, con audacia y resolución, sobre la consigna de la Asamblea Constituyente democrática, menos espacio dejará a los diferentes partidos intermediarios, y más sólido será su propio éxito.

… El Partido Comunista está luchando, en la actualidad, no por conquistar el poder, sino por mantener y consolidar su ligazón con las masas en nombre de la lucha por el poder en el porvenir. La lucha por la conquista de las masas está inevitablemente ligada a la lucha desarrollada contra las violencias de la burocracia del Kuomintang frente a las organizaciones de masas, frente a sus reuniones, frente a su prensa, etc. En el curso del período próximo, ¿va el Partido Comunista a combatir por la libertad de prensa, o dejará esta tarea a un “tercer partido”? ¿Se limitará el Partido Comunista a la presentación de reivindicaciones democráticas aisladas (libertad de prensa, de reunión, etcétera), lo que equivaldría a un

reformismo liberal, o planteará las consignas democráticas más consecuentes? En el plano político, eso significa la representación popular basada en el sufragio universal.

Puede uno preguntarse si la Asamblea Constituyente democrática es “realizable” después de la derrota de la revolución en una China semicolonial rodeada por los imperialistas. Sólo es posible responder a esta pregunta por medio de conjeturas. Pero cuando se trata de una reivindicación, cualquiera que sea, formulada en las condiciones generales de la sociedad burguesa o en cierto estado de esta sociedad, el simple criterio de la posibilidad de su realización no es decisivo para nosotros … No son las conjeturas empíricas sobre la posibilidad o imposibilidad de realizar cualquier reivindicación transitoria las que pueden resolver el problema. Es su carácter social e histórico el que decide: ¿es progresiva para el desarrollo ulterior de la sociedad? ¿Corresponde a los intereses históricos del proletariado? ¿Consolida su conciencia revolucionaria? … El hecho de que esta reivindicación no sea satisfecha mientras domine la burguesía, debe empujar a los obreros al derrocamiento revolucionario de la burguesía. De esta forma, la imposibilidad política de realizar una consigna puede no ser menos fructífera que la posibilidad relativa de realizarla.

… La idea de la representación del pueblo entero, como lo ha mostrado la experiencia de todas las revoluciones burguesas, y en particular las que liberaron a las nacionalidades, es la más elemental, la más simple y la más apta para despertar el interés de amplias capas populares. Cuanto más se resista la burguesía que domina a esta reivindicación “del pueblo entero”, más se concentrará la vanguardia proletaria alrededor de nuestra bandera, más madurarán las condiciones políticas para la verdadera victoria sobre el estado burgués, sea el Gobierno militar del Kuomintang o un Gobierno parlamentario.

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quince no rima con linc o si, aveces gracias ni hay de queso no mas d epapa