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CPS 219: 2014 el año de la política en un nuevo ciclo de la lucha de clases

CPS 219: 2014 el año de la política en un nuevo ciclo de la lucha de clases

Con el acceso de Bachelet y la Nueva Mayoría al Gobierno en marzo del 2014 las aguas que intranquilas nos bañan desde el 2011 siguieron remeciéndonos en muchos sentidos.

Si el 2011 cuando se conformó un movimiento nacional en las calles alrededor del movimiento estudiantil impugnando las herencias de la dictadura quedó atrás, sus estelas mojan toda la política local.

Tres grupos de hechos marcaron el año.

El primero, que el Gobierno retomó la iniciativa usurpando las demandas de las calles con sus reformas abriendo ilusiones posibilistas, alrededor de las cuales todo Chile se movió con el mar de fondo de la desaceleración económica: la propia Nueva Mayoría oscilando entre la “retroexcavadora” y los “matices y la cocina” de la DC, imponiéndose estos finalmente. La derecha disminuida en el Parlamento, comenzó a salir a las calles, con campañas mediáticas y movilizaciones.

El segundo, que entonces la política se puso al centro y millones discutieron, se movilizaron, esperaron, se desesperaron con cada anuncio o proyecto de ley, mientras que todos los partidos y todas las instituciones del régimen siguen cuestionados y rechazados. La lucha de clases, parecía disiparse, pasivizarse, y en la derecha afirmaron que era demostración que estas “reformas estructurales” eran innecesarias. Lo cierto es lo contrario: la agenda fue puesta por la lucha de clases, el movimiento de los trabajadores y la lucha sindical gana nuevo y creciente protagonismo, y este momento de la política volverá a unas calles politizadas y divididas, en otras condiciones.

El tercero, que fue un año de preparación de nuevas condiciones en la política y la lucha de clases en Chile, con la emergencia de una dura pugna de intereses, con escisiones al interior del movimiento estudiantil y de los trabajadores, divisiones en los partidos del régimen, elementos de polarización, cuestionamientos crecientes al empresariado.

Un 2014 politizado, tendiendo a polarizarse, cargado a la izquierda, y de re-agrupamiento de fuerzas. Un nuevo ciclo de la política y de la lucha de clases que atraviesa distintos momentos y se abre paso.

Con las llamadas “reformas estructurales” el Gobierno retoma la iniciativa

Reforma tributaria. Primera parte de la reforma educacional (con las 3 leyes de “inclusión”). La reforma al sistema electoral binominal. Las comisiones para cambios al sistema de salud y de pensiones. La discusión del aborto terapéutico. El anuncio de un Ministerio de la Mujer. Las declaraciones del Intendente de la Araucanía Huenchumilla sobre el pueblo mapuche mostrándose cercano. Terminando el año, la elección de Intendentes, y sobre todo, la reforma laboral. Entre muchas otras. Una atrás de otra, le permitieron al Gobierno a pesar de las tensiones y desazones, a pesar de la fuerte desaceleración económica, mantener la iniciativa en sus manos. Todas, moderadas. Todas, aún así, irritando a los empresarios y la derecha.

Las discusiones de las reformas e iniciativas de ley, remecieron todo. La Nueva Mayoría, se movió entre la “retroexcavadora” y los “matices y al cocina” de la DC. La derecha se desespera por acercarla a sus filas sin lograrlo ni explicarse porque no lo logra, lo cierto es que de conjunto, la DC logró imponer sus matices.

La temperatura en ascenso desbocó a la derecha, que sumó a su campaña mediática (editoriales, columnistas, encuestas interesadas) y callejera (videos, giras por Regiones, movilizaciones, trípticos), la agresión directa al Gobierno, a la Nueva Mayoría y a Bachelet.

No hubo caso: Bachelet reafirmaba una y otra vez el curso de las llamadas “reformas estructurales”. A su derecha, todos, tanto los empresarios como los partidos UDI, RN, Evopolis, quedaban descontentos. A su izquierda, también. Retomaron la iniciativa, sí, pero sin lograr retrotraer las cosas a un Chile “noventista”. El punto de inflexión del 2011 les sigue penando.

El momento de la política

Una politización en gran escala. Millones discuten diariamente cada una de las reformas. Se dividen alrededor de cada una de ellas. Toman posiciones. Rechazan, aceptan, dudan, se mantienen expectantes, se desesperan, se preparan. Retomaron la iniciativa, pero no retrotrajeron las cosas. Cada paso re-abre las contradicciones. Un paso a la derecha con “los matices y las cocinas”  moderando las reformas, genera descontento a su izquierda. Un paso a la izquierda avanzando en las reformas comprometidas, genera descontento a su derecha. En estos movimientos, la crisis de legitimidad del régimen y las herencias de la dictadura se profundiza, cada encuesta lo refleja, con apoyos a los partidos de apenas un 20%, al Gobierno y Bachelet de menos de 40%, al Parlamento de poco más de 10%.

Con politización y una crisis de legitimidad que persiste, aunque las “ilusiones posibilistas” y la pasivización del movimiento estudiantil hayan predominado, la lucha de clases se despliega por nuevos causes y con nuevos fenómenos.

El movimiento estudiantil se desmovilizó, aunque realizó tres importantes movilizaciones en el año. El movimiento de los trabajadores continúa un paulatino aumento del número de sus movilizaciones (paros, huelgas, rebeliones en los lugares de trabajo, bloqueos, marchas callejeras). El movimiento de mujeres fluye con vitalidad.

Pero este año, la protagonista fue la política, que también se reflejó en los procesos de la lucha de clases. Donde más claramente quedó expresado fue en la lucha docente, la “rebelión de las bases”, un hito en la lucha de los trabajadores. Las expectativas abiertas estallaron: los profesores quieren “ahora o nunca” conquistar sus demandas, inmediatas e históricas. La crisis de legitimidad de las instituciones del régimen se desplegó aquí: son parte de las instituciones del régimen los partidos y las cúpulas burocráticas del movimiento sindical, incluyendo al Partido Comunista (PC), y estuvieron al centro de los cuestionamientos de las bases. Aunque con una insólita e inaceptable teoría conspirativa el PC acusó manipulación, las bases de los profesores desplazaron en los hechos a toda la cúpula burocrática en primer lugar la del PC en la figura del presidente del Colegio de Profesores Jaime Gajardo. Política y lucha de clases se unieron, en los hechos, en esta gran movilización. Y adelante las nuevas condiciones del escenario político que se abrirá.

Nuevo ciclo de la política y de la lucha de clases

El 2014, también comenzó las nuevas condiciones de la política y de la lucha de clases.

Los remezones de una política de “reformas estructurales” que pretenden retrotraer Chile a una nueva estabilidad, solo logró un precario equilibrio inestable. La imposición de la DC al interior de la Nueva Mayoría, la pasivización del movimiento estudiantil, la posición defensiva en que fueron puestos la derecha y los empresarios, no logran estabilizar un régimen cuestionado.

La Nueva Mayoría descansa en Bachelet y sus llamadas “reformas estructurales”, y en la incorporación del PC. Pero la imposición de los “matices y la cocina” de la DC disminuyó al PC que se humilló con sus disculpas (del embajador en Uruguay Eduardo Contreras), sus renuncias (del asesor del Ministro del Interior, Juan Andrés Lagos), con los golpes recibidos (por las denuncias de lucro en la universidad ARCIS). Y esto le pasó la cuenta: lo vimos en la “rebelión de las bases”, en que no lograron recuperar ninguna Federación estudiantil en las Universidades, en los cuestionamientos por exceso de oficialismo a su presidenta de la CUT Bárbara Figueroa.

La derecha y los empresarios fueron puestos a la defensiva, disminuido su poder de veto en el Parlamento, cuestionados por financiamientos irregulares con el caso Penta, por los casos de colusión y estafas financieras y bursátiles. Pero, de contragolpe, buscan pasar a la ofensiva, y con el principio de si caen ellos caen todos, denuncian el financiamiento irregular de todos los partidos del régimen, pretenden trabar todas las leyes con el recurso antidemocrático del Tribunal Constitucional, lanzan campañas que incluyen la movilización callejera, con la animación de la CONFEPA como su espacio estrella.

El movimiento estudiantil se divide en tres sectores, el moderado “bloque conducción” que este año pisó todos las trampas que le puso el Gobierno, un sector disidente a su izquierda, y ahora, un sector de la derecha que pretende actuar como bloque e incluso movilizarse con la CONFEPA.

El movimiento de los trabajadores se agita, con pugnas inter-burocráticas (un sector, de Arturo Martínez, acusando a otro, de Bárbara Figueroa, de ser esta última demasiado oficialista), con un ánimo anti-burocrático (como vimos el descontento con las decisiones de la directiva de la CUT en el acto del 1º de mayo, la negociación del salario mínimo o el re-ajuste del sector público), y con nuevos fenómenos como el funcionamiento en base a asamblea y delegados como vimos en la lucha docente.

El pueblo mapuche escuchó las declaraciones a su favor del Intendente de la Araucanía Huenchumilla, y se reactiva ante la insolencia y violencia discriminatoria de agricultores, dueños de fundos, empresas forestales, y la represión y provocación policial.

Como forma desesperada, e impotente, se reactivan los bombazos que, más allá de casos oscuros, reflejan, en el margen, el odio de un sector de la juventud empobrecida, reprimida, sin perspectivas de futuro.

Chile se escinde. Se rompió el frente nacional que el 2011 se expresó alrededor del movimiento estudiantil. Pero al revés de aminorar la lucha de clases, la hará más dura, con más choques, con tendencias a la polarización, con nuevos fenómenos que pugnan una y otra vez por emerger, con una politización de millones que las reformas pretenden contener, pero no es claro que puedan lograrlo en este escenario. ¿Lo lograrán?

Entre la contención y la multiplicación de las contradicciones

Las llamadas “reformas estructurales” retomando la iniciativa, lograron contener el nuevo ciclo de la política y la lucha de clases iniciado el 2011. Pero no revertirlo. ¿Lo lograrán?

La derecha y los empresarios lamentan que el 2014 fue una “pérdida de tiempo”, algunos en la Nueva Mayoría se hacen eco de esto. Al contrario, ganaron tiempo. Y el próximo año, se daría paso a la gratuidad en las Universidades y al fortalecimiento de la educación pública básica y media. Con letra chica, con moderación, matices, cocinas, sí. Como planteamos en otro momento, inaugurando esta curiosidad chilena del nuevo “negocio de la gratuidad”. Pero aliviando el bolsillo de millones. También, oxigenarán el régimen político con los cambios al binominal y la elección directa de Intendentes. También, dialogarán con millones de trabajadores con la “agenda” (no “reforma”) laboral. Cuentan además con el apoyo de las dirigencias burocráticas del movimiento sindical y estudiantil. ¿Será suficiente para lograrlo entonces?

No se puede descartar completamente.

Pero la escisión atraviesa todo. Polarizando. Crispando. Empujando a un re-agrupamiento de fuerzas. Líneas políticas van volviendo a delimitar partidos, agrupamientos, sindicatos, federaciones estudiantiles, clases y capas sociales.

La politización de millones se une a los fenómenos de la lucha de clases. Los trabajadores y el movimiento sindical van ganando protagonismo, nuevos fenómenos se advierten. Luchas de presión marcarán la escena para evitar cocinas y matices, por izquierda; y por derecha se buscará impedir toda reforma.

La sensibilidad anti-régimen, con la crisis de legitimidad, y anti-empresarial con el rechazo a cada caso de abuso, está a flor de piel. El solo aumento de los sueldos parlamentarios equivalente a todo el sueldo de un profesor, irritó. No avanzar en las reformas puede aumentar la irritación, avanzar, también. El régimen heredado de la dictadura está en la mira.

Las demandas se arrancan con los métodos de la lucha de clases

Por una Asamblea Constituyente Libre y soberana basada en la movilización

Ganaron tiempo, pero están al centro de las miradas de todos, con expectativas de un lado, desconfianza de una parte, rechazo de otra.

El Parlamento, discutiendo cada reforma estará al centro de la política nacional. La politización en gran escala seguirá marcando la lucha de clases.

Los parlamentarios de sueldos millonarios, lejos y ajenos así de las necesidades del pueblo trabajador, moderarán todo.

Cada demanda sólo podrá ser arrancada con los métodos de la lucha de clases. Y uniéndola a la lucha contra la casta ajena de parlamentarios y funcionarios de sueldos millonarios, que matan en el Parlamento y en la discusión en los Ministerios las expectativas abiertas.

Para que no mueran en el Parlamento y arrancarles e imponerles nuestras demandas en nuestros propios términos, hay que terminar con la casta de políticos patronales haciendo que ministros y parlamentarios ganen lo mismo que un trabajador calificado, y uniendo las demandas de los estudiantes y trabajadores a la lucha por una Asamblea Constituyente Libre y soberana basada en la movilización.

Para esta lucha, hay que poner en pie un partido revolucionario de la clase trabajadora para la lucha de clases, como el que lucha por construir nuestra joven liga el Partido de Trabajadores Revolucionarios (PTR).


Comentario Político Semanal del PTR-CcC n° 219
2014 el año de la política en un nuevo ciclo de la lucha de clases
Nicolás Miranda
30-12-2014


 

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