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CPS 54 El Chile neoliberal a 37 años del golpe

Se cumplen 37 años del golpe

Hace 37 años los milicos, la patronal, la derecha, y el imperialismo norteamericano, realizaron el golpe de estado (con la venia de la DC). En los 17 años de dictadura, Pinochet liquidó a dirigentes obreros y populares y a militantes de izquierda, destruyó las organizaciones sindicales, bajó los salarios, privatizó la salud y la educación, el cobre y la previsión social, en resumen, instaló en Chile el neoliberalismo. La “transición pactada” con la Concertación, implicó un cambio del régimen político, pero lo fundamental de la obra neoliberal, no sólo fue conservado, sino profundizado, como lo revela la mayor privatización del cobre, la educación, el incremento del subcontrato, etc.

La represión también continuó, incluyendo métodos de inteligencia contra la izquierda, como se ha hecho tan notorio estos días. También se conservó el sistema electoral binominal que le ha permitido a la derecha una “sobrerrepresentación” en el parlamento. La democracia actual basada en los “consensos” es hija directa de la dictadura.
Esta democracia para ricos, le allanó el terreno a la derecha, para alcanzar el gobierno. Hoy Piñera, busca consolidarse en el poder y abrir un “ciclo de gobiernos de derecha”. Así, los herederos directos de la dictadura, actúan en el “juego democrático”, con el fin de mantener el dominio patronal y las políticas neoliberales.

El escenario desfavorable

Jugó a su favor que ante el derrumbe de San José el gobierno y la clase patronal “monopolizaron” la iniciativa en el rescate, producto de la pasividad de las direcciones de la clase trabajadora. El gobierno hizo del rescate un medio para vociferar la llamada “unidad nacional”. Esa fortaleza la ha usado también para reprimir, como ocurrió en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo, con balines de pintura, que buscaban “marcar” a los estudiantes, acción que le valió el repudio del propio decano, y que obligó al general José Ortega a remover al oficial a cargo del operativo, para evitar cuestionamientos mayores por la brutalidad. La infiltración policial descubierta por trabajadoras de la ANEF en la marcha del 26, es parte de lo mismo. Y en las alturas, las presiones de la UDI al ministro Hinzpeter, para abrir el caso Jaime Guzmán, luego de las declaraciones de Mauricio Hernández Norambuena en un programa de Chilevisión, que han contado con la venia del embajador Adolfo Zaldívar que ha iniciado tratativas con Julio de Vido, ministro de planificación argentino, para exigir la extradición o expulsión de Galvarino Apablaza, ex dirigente del FPMR que actualmente solicita asilo político en el vecino país. El clima político nacional es adverso. Que el 11 de septiembre la policía haya anunciado que sacará al 90% de su dotación en la región metropolitana (unos 30.000 policías) es parte de esto.

La huelga de hambre mapuche

Es en este marco que se produce la huelga de hambre de 34 comuneros mapuche. El gobierno, ha anunciado reformas a la Ley Antiterrorista y acotar los espacios de incidencia de la justicia militar. Sin embargo, entre esas reformas se contemplaba mayores penas al “maltrato de la obra de la policía”, y facilidades para usar testigos encubiertos. Son en realidad, como vemos, un fortalecimiento de los mecanismos represivos. Aunque limitando el uso de la justicia militar. La UDI –atenta a lo que considera señales equívocas- salió a criticar “que se hagan reformas por presiones”. Por eso el gobierno, parece endurecer nuevamente su postura ante los comuneros. Sebastián Piñera planteó que “la huelga de hambre no es un instrumento legítimo de presión en una democracia y en un estado de derecho” (La Tercera, 9 de septiembre).
Pero la simpatía que parece concitar la huelga de hambre –de la que participan incluso dos menores de edad- que se ha reflejado en declaraciones de dirigentes sindicales (como Raúl de la Puente), en marchas (todavía reducidas), en declaraciones de organizaciones estudiantiles (como la Fech), mantiene al gobierno en una situación de presión. No quiere que mueran los comuneros, porque eso podría acarrearle cuestionamientos incluso internacionales.

La Concertación busca un perfil de lucha

Cuatro diputados de oposición se han sumado a la huelga de hambre: Tucapel Jiménez (PPD), Sergio Aguiló (PS), Manuel Monsalve (PS) y Hugo Gutiérrez (PC). Esto es en realidad un engaño. ¿Bajo qué gobierno mataron a Matías Catrileo o a Jaime Mendoza Collío? Bajo el gobierno de Bachelet. Lo que busca la oposición concertacionista con esto, es perfilarse como una “centro izquierda que lucha”. Lo hace también desde la dirección de la ANEF –Raúl de la Puente es del PS-, impulsando hasta ahora dos paros luego de que pasaran 2.500 despidos. E incluso desde la Asamblea de Estudiantes Secundarios, donde tienen peso dirigente. O proponiendo que el 19 y el 20 sean feriados irrenunciables en el comercio (hablándole, así, al millón cuatrocientos mil trabajadores que opera en este sector). Que Hugo Gutiérrez se sume a la huelga de hambre, para solidarizar con los mapuche, no está mal desde el punto de vista de la utilización del cargo parlamentario para apoyar las demandas de los oprimidos. Pero lo hace sin decir una palabra acerca de cómo la Concertación también ha sido represora con el pueblo mapuche. De ese modo su acción se anula a sí misma.

Reacomodos

Las nuevas directivas en la Concertación, tienen que afrontar los inevitables reacomodos en las relaciones entre los partidos al interior y al exterior del conglomerado. La alianza para las elecciones del Colegio de Profesores a realizarse en octubre, entre el PS, el PPD, el PRSD y el PC, acarreó la “furia” del nuevo y flamante presidente de la DC, Ignacio Walker. Probablemente, que el pacto haya sido celebrado también por Álvaro Elizalde (PS) y Ernesto Velasco (PRSD), que asistieron a su firma, significó para Walker una molestia mayor. Este señor, que pertenece al ala más derechista de su partido –ejemplo de esto: su repetición de las acusaciones al PC, de estar ligado a las FARC-, le envió una carta de molestia a sus pares concertacionistas. Éstos tuvieron que dar explicaciones. Tuvieron que decir públicamente que no pretendían apartar a la DC del eje concertacionista. Pero estas palabras contrastan con la reunión entre las directivas del PS y el PPD para acordar un nuevo trato, de la que se resolvió que sus secretarios generales tendrían el mandato de preparar un cónclave para analizar las causas de la derrota en las últimas presidenciales…reunión a la que la DC no fue invitada. ¿Buscan acaso poner mayor énfasis en los aspectos “progresistas” de la política concertacionista? ¿No implicará esto futuros roces con la DC? ¿No significa acaso la elección de Walker y las recientes declaraciones de Gabriel Valdés, que en la DC se incuban todavía silenciosamente elementos de derechización, que pueden tensar sus relaciones con el resto de la Concertación?

Construyamos un partido de trabajadores revolucionario

En este Chile moldeado a imagen y semejanza de la patronal neoliberal, en el que la derecha gobierna abiertamente para los empresarios, hace falta levantar un partido de trabajadores revolucionario. Un partido que pelee por una Asamblea Obrera y Popular, que enfrente el poder patronal, en la perspectiva de una República de Trabajadores. A 37 años del golpe, está pendiente la tarea que dio aquella generación de obreros y pobres.
Es necesario luchar por juicio y castigo para los represores, con comisiones independientes integradas por organismos de DDHH, sindicatos, organizaciones de izquierda, y basadas en la movilización obrera y popular. Por frenar los despidos no sólo en el sector público, también en la minería (¡hay que estar alertas con el “retiro voluntario” que anuncia el gobierno para unos 1.500 mineros de Codelco!). Frenarlos y exigir la reincorporación de los despedidos. Por un salario mínimo de $360.000 acorde a la canasta básica para enfrentar la carestía. Contra la educación y la salud de mercado, exigiendo la gratuidad. Es necesario que todo esto se pelee unitariamente, levantando un pliego único de demandas, que selle la alianza entre trabajadores y oprimidos. Dar estas peleas, incansablemente, en la perspectiva de acabar con la explotación, es el mejor homenaje que le podemos hacer a la generación que luchó en los setentas.

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quince no rima con linc o si, aveces gracias ni hay de queso no mas d epapa