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Constitución: Los Estudiantes de Las Armas de la Crítica impulsando la ayuda obrera y popular junto a la FENATS

Por Fabián Puelma

Las consecuencias sociales que dejó el terremoto en Chile no demoraron en hacerse sentir con toda su crudeza y magnitud. Desde los primeros días observamos con indignación el desamparo de familias enteras de trabajadores y de pobres, los más golpeados por el desastre. Tras perder todo, tras quedarse sin techo, abrigo y alimentos, aún no recibían ayuda de ningún tipo.

Muchos jóvenes y estudiantes impulsamos el llamado que realizó la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile para acudir en ayuda a los afectados. Desde Las Armas de la Crítica, con militantes de Clase contra Clase y estudiantes independientes, hicimos un activo llamado a impulsar estas acciones. Pero desde un primer momento comprendimos que no da lo mismo qué tipo de ayuda entregamos.

En esos mismos instantes se hizo más patente aún la desesperación, la nula ayuda, el hambre, los saqueos: se abrió una verdadera crisis social. El gobierno de Bachelet respondió decretando el estado de excepción en la región del Maule y Bío Bío, entregando el poder de las ciudades a los militares y estableciendo el estado de sitio. La derecha aplaudía y los empresarios se secaban el sudor de nerviosismo y respiraban más tranquilos. El terremoto desnudó las desigualdades que genera el mismo capitalismo, y dejó en evidencia qué intereses defienden los partidos de la concertación y la derecha. Claramente debíamos instalar un discurso político y canalizar desde ahí toda la ayuda que incansablemente empezamos a realizar.

Nosotros respondimos repudiando el toque de queda y planteamos la necesidad de que los milicos salieran de las calles, pues como ya hemos visto estos últimos días, con miles de detenidos y un brutal asesinato en Hualpén en manos de los militares, ellos sólo están ahí para reprimir y defender los intereses de los empresarios, y en modo alguno para realizar “ayuda social”. Planteamos la necesidad de impulsar una ayuda obrera y popular, desde las mismas organizaciones de los trabajadores, los estudiantes y los pobladores, y así realizar la distribución y satisfacer las urgentes necesidades de los afectados.

Esto lo llevamos a la práctica desde la FECH, y con un grupo de voluntarios nos sumamos a la campaña nacional de la FENATS (Federación Nacional de Trabajadores de la Salud), quienes juntaron artículos en los distintos hospitales para distribuirlos directamente a los funcionarios y a los afectados. Junto con más estudiantes voluntarios de la FECH, nos organizamos para recorrer las calles de Santiago, los supermercados y las casas recolectado alimentos, ropa, artículos de aseo, medicamentos y dinero, llegando a juntar más de 40 cajas.

Luego de realizar una asamblea conjunta con los funcionarios en el local de la FENATS Metropolitana en el hospital Barros Luco, organizamos el viaje a la ciudad de Constitución y Quirihue para entregar lo recolectado. Es así cómo se forjó este pequeño pero poderoso ejemplo de unidad entre trabajadores y estudiantes, de ayuda obrera y popular, actuando codo a codo y coincidiendo en que no será el gobierno de la concertación ni menos el de la derecha, no serán los militares los que resuelvan nuestras propias urgencias. La respuesta sólo puede venir desde nuestras organizaciones, de los trabajadores, estudiantes y pobladores.

En caravana viajamos hacia el sur: la delegación de trabajadores compuesta por dirigentes de la FENATS y dirigentes sindicales de hospitales de Santiago, la delegación estudiantil de la FECH, compuesta por estudiantes de Las Armas de la Crítica y compañeros independientes, y el camión con los artículos que recolectamos durante la campaña. Cada caja llevaba nuestras insignias, y sería entregada de trabajador y estudiantes a trabajador. El camión que nos facilitó la FECH ya no era cualquier camión con ayuda que vimos en la Teletón, no llevaba las insignias de Coca Cola, Soprole o Nestlé, no. Llevaba un gran lienzo que nos delataba: “FENATS, CUT, FECH ¡La Salud, los trabajadores y los estudiantes presentes!”. Tras esquivar los obstáculos de una carretera marcada por las grietas y los desvíos producto del sismo, tras sobrecogernos con los niños que con carteles pidiendo ayuda bordeaban el camino, llegamos a Constitución.

El paisaje era desolador. El casco antiguo estaba casi por completo destruido, y en las paredes que aún a duras pensas se mantenían de pie, se estampaba la letra “R”, indicando que el lugar ya había sido registrado, en busca de víctimas fatales y para catastrar el estado de la construcción. Vimos un barco en medio de una plaza, mientras que a orillas del río Maule se sentía aún la presencia del mar que se llevó a decenas de personas y destruyó todo a su paso. Este paisaje bombardeado y de guerra se confirmaba con la presencia de los militares. Camiones de campaña, grupos emboinados, cabros chicos uniformados, con cascos, radio mochilas y siempre con las manos bien puestas en el arma. Eran ellos mismos los que custodiaban el hospital.

Fueron los mismos funcionarios los que nos recibieron y juntos descargamos el camión. “Esto no es caridad, compañera, es solidaridad de clase” respondió uno de los trabajadores de Santiago ante el emocionado saludo de una funcionaria de Constitución. Muchos de ellos perdieron completamente sus casas, uno de ellos perdió a su esposa y su hija, muchos se quedaron sin techo ni alimentos. Y fueron los mismos trabajadores de la FENATS en conjunto con los estudiantes los que facilitamos una ayuda, que aunque muy pequeña e insuficiente, contrasta con la muy escasa que el gobierno entrega a punta de fusil. Muchos ya se están cansando de la presencia militar, hartos ya de ser mandado por un lote de uniformados que no conocen la ciudad, las necesidades de la población y restringen las libertades democráticas.

El toque de queda empezó, y al día siguiente viajaría a la ciudad el flamante presidente de Chile, luego del cambio de mando. El hospital de constitución está en muy mal estado, en ese instante sólo estaba funcionando maternidad y pediatría y luego de la réplica no quedó operativo. Todo estaba agrietado, muchos muros caídos y le faltaban implementos. ¿Cómo responderá el flamante ministro de Salud, quien sólo conoce las clínicas privadas, todas intactas tras el terremoto? Conversamos con los dirigentes del sindicato de trabajadores forestales FEFOCON, quienes dieron cuenta del problema de los despidos, pues la planta de la principal empresa de la zona, Celulosa Arauco, se encuentra paralizada (Constitución es el tercer productor de papel del país), ¿Cómo responderá la flamante ministra de trabajo, quien sólo conoce puestos gerenciales y tartamudea constantemente la palabra “flexibilización”?

Las desigualdades sociales desnudadas con toda su crudeza tras el terremoto no son producto del desastre natural, estaban ahí desde mucho antes, y hoy se vuelve más urgente y apremiante responder a esta realidad, especialmente al problema de la vivienda. Fueron las casas de los trabajadores y los pobres las que se cayeron, ¿las reconstruiran los empresarios con empleos precarios, para que se sigan reprodujendo las mismas desigualdades estructurales, y para que en el próximo terremoto volvamos a plantearnos la misma pregunta?

Es verdad que se requiere mucha ayuda y rápido, pero el asistencialismo que actualmente impulsa la CONFECH junto al Techo para Chile tampoco resolverá el problema abierto, ni siquiera el de las necesidades más urgentes. ¿Estaremos dispuestos a construir mediaguas argumentando que es una salida de corto plazo y de emergencia, si es que finalmente, a la espera de una solución definitiva, serán los trabajadores y pobres afectados los que seguirán viviendo en ellas por decenas de años en condiciones miserables? Aunque a muchos les moleste, el terremoto no durará los 3 minutos del sismo, llegó para quedarse. Para solucionar los problemas sociales abiertos nos toparemos con la muralla que el mismo capitalismo nos plantea, por eso mismo debemos dar una respuesta política que permita responder de raíz a las consecuencias del terremoto, mientras que al mismo tiempo actuamos frente a la crisis social desde los organismos de trabajadores, estudiantes y pobladores. Mientras impulsamos la ayuda obrera y popular, planteamos un plan de reconstrucción controlado por los trabajadores y financiado por el Estado en base a impuestos progresivos a las grandes fortunas.

Esto no es fraseología. Nuestro trabajo con la FENATS es pequeño, acotado e insuficiente. Pero yo me pregunto, ¿qué pasaría si esto se impulsara a nivel nacional desde la CUT, desde la FECH y las distintas federaciones estudiantiles, en coordinación con las juntes de vecinos (que hoy funcionan, pero se relacionan sólo con el municipio)? ¿Que pasaría si en vez de sólo un camión con nuestras insignias, fuesen cientos y cientos los camiones con lienzos de nuestras organizaciones y con voluntarios de nuestras filas? Yo vi en la práctica que si es que usamos nuestras organizaciones y las coordinamos con la política de ayuda obrera y popular, es posible dar una respuesta concreta a la crisis social. Que nuestro trabajo sirva como ejemplo a seguir.

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quince no rima con linc o si, aveces gracias ni hay de queso no mas d epapa