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Apuntes para una historia por escribir sobre los grupos trotskistas en dictadura

Apuntes para una historia por escribir sobre los grupos trotskistas en dictadura

apuntes

 

 Dedicado a Dolores Mujica, en nuestra tarea común de rescatar la historia para la construcción de un partido revolucionario de la clase trabajadora.

 

 Apuntes para una historia por escribir sobre los grupos trotskistas en dictadura

Nicolás Miranda

 

El golpe contrarrevolucionario del 11 de septiembre de 1973, derrocó al gobierno de la UP, y cortó sangrientamente el proceso inicial de ruptura de sectores de la clase obrera con sus direcciones reformistas del PC y el PS que cuajaron en los cordones industriales como organismos embrionarios de doble poder local[1].

Una noche negra se cernía sobre la clase obrera y el pueblo, y sobre todas sus organizaciones políticas, sindicales y sociales. Pretendían asestarle un golpe definitivo al “cáncer marxista”.

Y aunque se trató de una derrota histórica, las reservas inagotables de la clase obrera y el pueblo con sus organizaciones, volverían a ponerla heroicamente en pie. Batallas cotidianas, pequeñas, clandestinas en los lugares de trabajo, las poblaciones, universidades y liceos confluyeron en el torrente de las jornadas de protesta que sacudieron la dictadura.

Los grupos trotskistas fueron parte de esta lucha, con sus historias de clandestinidad, sus esfuerzos de recomposición, sus luchas, sus caídos y sus exiliados por los golpes sangrientos de la dictadura. Sin embargo, jugaron un rol marginal, después de haber sido parte influyente de los partidos de la izquierda en Chile y las luchas de la clase obrera en su historia. ¿Cómo fueron esos años, y cómo se llegó a esta situación?

 

Lucha de clases en dictadura, rearticulación de la izquierda y los “políticos anónimos”

 

Y en este proceso, se re- articularon las organizaciones de la izquierda asediadas por la represión, marcadas a sangre y fuego por la derrota, produciendo rupturas y continuidades, y constituyéndose, junto a miles de jóvenes, pobladores, estudiantes y trabajadores, como organizadoras de los combates de un pueblo trabajador que prefería morir combatiendo que vivir de rodillas.

Se trató de la relación entre las organizaciones de izquierda que se rearticulaban, y la irrupción de miles que se organizaban para combatir a la dictadura.

Muchas veces se los opone. Pero es una situación que otras veces conoció la historia. Al respecto, escribió León Trotsky, refiriéndose a otra situación, una revolucionaria, en Febrero de 1917, pero que conserva similar lógica:

 

“Pero queda todavía una gran cuestión que resolver. ¿Quién dirigió la revolución? ¿Quién puso en pie a los obreros? ¿Quién echó a la calle a los soldados? Después del triunfo, estas cuestiones se convirtieron en la manzana de la discordia entre los partidos. El modo más sencillo de resolverlas consistía en la aceptación de una fórmula universal: la revolución no la dirigió nadie, se realizó por sí misma. La teoría de la “espontaneidad” daba entera satisfacción (…) La debilidad de las organizaciones clandestinas era un resultado directo de las represiones policíacas, las cuales habían dado al gobierno resultados verdaderamente excepcionales en la situación creada por el estado de espíritu patriótico reinante al empezar la guerra. Toda organización, sin excluir las revolucionarias, tiende al retraso con respecto a su base social. A principios de 1917, las organizaciones clandestinas no se habían rehecho aún del estado de abatimiento y de disgregación, mientras que en las masas el contagio patriótico había sido ya suplantado radicalmente por la indignación revolucionaria. Para formarse una idea más clara de la verdadera situación, por lo que a la dirección revolucionaria se refiere, es necesario recordar que los revolucionarios más prestigiosos, jefes de los partidos de izquierda, se hallaban en la emigración, en las cárceles y en el destierro. Cuanto más peligroso era un partido para el viejo régimen, más cruelmente se hallaba decapitado al estallar la revolución (…) Y a pesar de todo, la revolución, que nadie esperaba en aquellos días, salió adelante, y cuando en las esferas dirigentes se creía que el movimiento se estaba ya apagando, éste, con una poderosa convulsión, arrancó el triunfo. ¿De dónde procedía esta fuerza de resistencia y ataque sin ejemplo? El encarnizamiento de la lucha no basta para explicarla. Los obreros petersburgueses, por muy aplastados que se hubieran visto durante la guerra por la masa humana gris, tenían una gran experiencia revolucionaria (…) Fue precisamente la guerra, las víctimas que causó, sus errores y su ignorancia, lo que puso frente a frente no sólo a los viejos sectores obreros, sino también a los nuevos y al régimen zarista, provocando un choque agudo que llevó a la conclusión: ¡No se puede seguir soportando esto! La conclusión fue general, unió a las masas en un bloque único y les infundió una poderosa fuerza de ataque (…) entre la multitud había no pocos obreros de ésos, de edad madura, capaces de contestar al jurista como era debido (…) Estos obreros suministraban a las masas las ideas necesarias (…) Estos políticos anónimos, salidos de las fábricas y de la calle, no habían caído del cielo; alguien había tenido que educarlos. La Ocrana, al registrar los acontecimientos en los últimos días de febrero, consignaba asimismo que el movimiento era “espontáneo”, es decir, que no estaba dirigido sistemáticamente desde arriba. Pero añadía: “Sin embargo, los efectos de la propaganda se dejan sentir mucho entre el proletariado” (…) La leyenda de la espontaneidad no explica nada. Para apreciar debidamente la situación y decidir el momento oportuno para emprender el ataque contra el enemigo, era necesario que las masas, su sector dirigente, tuvieran sus postulados ante los acontecimientos históricos y su criterio para la valoración de los mismos. En otros términos, era necesario contar, no con una masa como otra cualquiera, sino con la masa de los obreros petersburgueses y de los obreros rusos en general, que habían pasado por la experiencia de la revolución de 1905, por la insurrección de Moscú del mes de diciembre del mismo año, que se estrelló contra el regimiento de Semenov, y era necesario que en el seno de esa masa hubiera obreros que hubiesen reflexionado sobre la experiencia de 1905, que supieran adoptar una actitud crítica ante las ilusiones constitucionales de los liberales y de los mencheviques, que se asimilaran la perspectiva de la revolución, que hubieran meditado docenas de veces acerca de la cuestión del ejército, que observaran celosamente los cambios que se efectuaban en el mismo, que fueran capaces de sacar consecuencias revolucionarias de sus observaciones y de comunicarlas a los demás. Era necesario, en fin, que hubiera en la guarnición misma soldados avanzados ganados para la causa, o, al menos, interesados por la propaganda revolucionaria y trabajados por ella. En cada fábrica, en cada taller, en cada compañía, en cada café, en el hospital militar, en el punto de etapa, incluso en la aldea desierta, el pensamiento revolucionario realizaba una labor callada y molecular. Por dondequiera surgían intérpretes de los acontecimientos, obreros precisamente, a los cuales podía preguntarse la verdad de lo sucedido y de quienes podían esperarse las consignas necesarias. Estos caudillos se hallaban muchas veces entregados a sus propias fuerzas, se orientaban mediante las generalizaciones revolucionarias que llegaban fragmentariamente hasta ellos por distintos conductos, sabían leer entre líneas en los periódicos liberales aquello que les hacía falta. Su instinto de clase se hallaba agudizado por el criterio político, y aunque no desarrollaran consecuentemente todas sus ideas, su pensamiento trabajaba invariablemente en una misma dirección. Estos elementos de experiencia, de crítica, de iniciativa, de abnegación, iban impregnando a las masas y constituían la mecánica interna, inaccesible a la mirada superficial, y sin embargo decisiva, del movimiento revolucionario como proceso consciente. Todo lo que sucede en el seno de las masas se les antoja, por lo general, a los políticos fanfarrones del liberalismo y del socialismo domesticado como un proceso instintivo, algo así como si se tratara de un hormiguero o de una colmena. En realidad, el pensamiento que agitaba a la masa obrera era incomparablemente más audaz, penetrante y consciente que las indigentes ideas de que se nutrían las clases cultas. Es más, aquel pensamiento era más científico, no solamente porque en buena parte había sido engendrado por los métodos del marxismo, sino, ante todo, porque se nutría constantemente de la experiencia viva de las masas, que pronto habían de lanzarse a la palestra revolucionaria. El carácter científico del pensamiento consiste en su armonía con el proceso objetivo y en su capacidad para influir en él y dirigirlo. A la pregunta formulada más arriba: ¿Quién dirigió la insurrección de Febrero?, podemos, pues, contestar de un modo harto claro y definido: los obreros conscientes, templados y educados principalmente por el partido de Lenin. Y dicho esto, no tenemos más remedio que añadir: este caudillaje, que bastó para asegurar el triunfo de la insurrección, no bastó, en cambio, para poner inmediatamente la dirección del movimiento revolucionario en manos de la vanguardia proletaria”[2].

 

Miles que en las Jornadas de Protesta irrumpieron, y que fueron empujados a salir por la dictadura con sus ataques llevándolos a organizar el odio de clase que se alimentaba de la desesperación del hambre y el desempleo, de las torturas y la represión; que estaban forjados por la experiencia bajo la UP, por las lecciones –como fuera que se sacaran- de la derrota; por las acciones moleculares previas que trabajadores, pobladores y estudiantes emprendieron prontamente.

“Políticos anónimos”, al decir de Trotsky, que tenían “sus postulados ante los acontecimientos históricos y su criterio para la valoración de los mismos”, que con sus “elementos de experiencia, de crítica, de iniciativa, de abnegación, iban impregnando a las masas y constituían la mecánica interna, inaccesible a la mirada superficial, y sin embargo decisiva, del movimiento revolucionario como proceso consciente”. Forjados en la conjunción de procesos que más arriba decíamos. Y que, en condiciones de clandestinidad, seguían actuando en las organizaciones de izquierda que resistían, se articulaban y pasaban a la ofensiva.

Entre la clase trabajadora, repasemos algunos hechos. Ya en enero de 1974, se constituye una dirección clandestina de la CUT. En 1975, se comienzan a realizar algunas huelgas que se estiman en alrededor de 50, entre ellas: Codelco en El Teniente, CAP en El Algarrobo, ferrocarriles, trabajadores panificadores, constructora del Metro de Santiago, trabajadores del carbón, asociación de tripulantes de motonaves de Puerto Montt. En mayo de ese año, se formó la Coordinadora Nacional Sindical- CNS (que agrupa a la izquierda, y sectores DC). La articulación será creciente. En septiembre de 1977 se produce el “viandazo” en El Teniente. Para 1978 la oposición sindical consolida  un cuestionamiento político global del régimen, subordinando las reivindicaciones más inmediatas sistemáticamente rechazadas por la dictadura. Lo que, además, dará una cobertura mejor a las organizaciones de izquierda. Se suceden las declaraciones como expresión de estos procesos, y las huelgas, destacando la huelga larga de 59 días de la textil Panal en octubre de 1980. En noviembre de 1980 la CNS define que el movimiento sindical articule la lucha de la oposición contra la dictadura. En junio de 1981 presenta un “Pliego Nacional”. En mayo de 1983 la Confederación de Trabajadores del Cobre-CTC convoca a un Paro Nacional. En junio de 1983 se constituye el Comando Nacional de Trabajadores- CNT, que convoca a una segunda protesta. Había comenzado el ciclo de las Protestas Nacionales[3].

Entre el movimiento popular, se recorrería un camino similar. Para fines de 1974, existían 22 comedores infantiles distribuyendo comida a los hijos pequeños de las víctimas de la represión, así como bolsas de cesantes y talleres laborales (…) En 1977, 323 comedores populares, que habían remplazado a los comedores infantiles de la fase anterior, distribuían comida a 30.000 personas en la Región Metropolitana”[4]. “Según un estudio completado en julio de 1985, existían 1.103 organizaciones de subsistencia en Santiago, sirviendo aproximadamente  a 110.000 personas: “Los pobladores relacionaban cada vez más sus problemas con la necesidad de alguna especie de cambio político (…) Uno de los ejemplos más emblemáticos de esta capacidad de organización es el Congreso Unitario de Pobladores que se llevó a cabo en abril de 1986”.

 

La recomposición de la izquierda según su peso histórico, y su protagonismo en la lucha contra la dictadura

 

Produciendo rupturas y continuidades con su historia previa, marcadas por su historia inmediatamente anterior, de acuerdo con el peso conseguido en los años y  décadas anteriores y con cómo lograban recomponerse de los devastadores golpes represivos de la dictadura, las distintas organizaciones de izquierda, lejos de ser extirpadas como pretendía la dictadura, fueron protagonistas de la lucha contra la dictadura.

Destaquemos aquí solo unos pocos elementos de una historia compleja y apasionante que comienza a ser investigada y permite conocerla, y sacar conclusiones para los combates del presente.

En el PS se inició un proceso de ruptura definitiva, que lo conduciría a romper la UP como primer intento de rearticulación de fuerzas tras el golpe, buscando la alianza con la DC, que lo llevaría a romper completamente con su pasado, pasarse al neoliberalismo, y de ahí dar el paso a la Concertación. Como partido históricamente orgánico del régimen (fue partido de gobierno en el ciclo de los gobiernos de Frente Popular, tuvo puestos de dirección en la CUT, en el movimiento estudiantil, contó con parlamentarios), partido dirigente, su rol, transformismo (Gramsci) mediante, fue crucial en la salida pactada de la dictadura.

En el PC se iniciaría un proceso más complejo de rupturas y continuidades. Buscó desde un inicio, recomponiendo la UP, la alianza con la DC con la política de Frente Antifascista. El rechazo sistemático de la DC a una alianza tal, empujó al PC fuera del régimen. La sistemática represión, lo empujó a desarrollar una política militar, que culminaría en la formación de su propio aparato militar y del FPMR, y a jugar un rol de importancia en las Protestas Nacionales, planificando incluso la llamada “Sublevación Nacional”. También el PC fue un partido históricamente orgánico del régimen (fue componente importante de las alianzas de Frente Popular, siendo gobierno en el último, el de González Videla, hasta su expulsión y pase a la clandestinidad, también ocupando puestos de dirección en la CUT, en el movimiento estudiantil, contó con parlamentarios), partido dirigente, y orgánico a su vez de la clase obrera, también adquirió un rol de primer orden, pero en estecaso, rechazado por los partidos del orden que inauguraba la dictadura, fue crucial en la lucha contra la dictadura. Esto, lo preservó como Partido Comunista mientras que, con la caída del Muro de Berlín, el resto de los PC del mundo abandonaban, mayoritariamente, hasta el nombre. El paso a la lucha armada, plagado de tensiones, representó una ruptura con la historia de este partido (hasta hacía poco abanderado de la “vía pacífica al socialismo”), pero con una continuidad estratégica: la estrategia de la colaboración de clases, que daría poco después hasta el llamado a votar a Aylwin[5].

En el MIR, el peso conquistado en su corta vida, también lo obligaba a asumir responsabilidades de alto calado en la nueva etapa que se abría con el golpe contrarrevolucionario. También hubo continuidades y rupturas, aunque impregnadas del carácter centrista de esta organización[6]. Proclamada la “lucha armada”, comprobó el día del golpe que su organización no tenía la preparación para ello. A la vez, los últimos meses del gobierno de la UP lo que planteaba era la política, con el “Pliego del Pueblo”, del “poder popular”, aunque desde los débiles comandos comunales y no desde los cordones industriales, donde tenía escaso peso. Es así que llamó al repliegue y el paso a la clandestinidad con la consigna de “el MIR no se asila”. Con la caída en combate el 5/10/74 de Miguel Enríquez, el exilio se impuso, hasta la “Operación retorno” en 1978 con el fin de lograr preparar las condiciones para la operación de fuerzas guerrilleras permanentes. Realizaron acciones armadas (asaltos a bancos y supermercados), conformaron la Fuerza Central con acciones de mayor envergadura (tiroteos a cuarteles de la CNI, ajusticiamiento al coronel Roger Vergara), y con ella, las milicias (para la lucha de calles), intentaron fallidamente la instalación de un foco guerrillero en Neltume. Pero la represión arreció, cayendo muchos de sus dirigentes y cuadros, devastándolo, hasta la caída del último grupo de combate de importancia con la detención de Arturo Villavela, el 7/9/83, tras lo cual, el peso del MIR menguó[7]. Justo cuando se estaba iniciando el ascenso de masas que daría las Jornadas de Protesta Nacional. Lejos de ser un partido orgánico del régimen, e incluso de la clase obrera, los pobladores o estudiantes (aunque sí con fuerte influencia), actuó de acuerdo a una de las líneas estratégicas que por su configuración centrista lo constituía –podríamos decir acciones de propaganda armada de alto calibre-; pero a la vez la represión, no mayor que sobre otras organizaciones, fue más devastadora que para un partido como el PC.

Cargando estas tres organizaciones de la izquierda –como decíamos, por el lugar  ganado en las décadas y años previos- con el peso de la represión y la rearticulación de las fuerzas obreras y populares y de sus propias filas, nuevas organizaciones de izquierda emergerían, otras se disolverían, y otras más, intentarían nuevamente reconstituirse. Entre estas últimas, las organizaciones trotskistas.

 

Las organizaciones trotskistas llegan diezmadas

 

Pero para poder llegar a ver su recorrido durante la dictadura, hay que hacer un recorrido previo. Es que las organizaciones trotskistas llegaron diezmadas, política y organizativamente, antes del golpe, lo que los convertiría en grupos completamente marginales (aunque no ausentes) en la gran batalla histórica que dio el pueblo trabajador y sus partidos y organizaciones sindicales, sociales y estudiantiles tras la igualmente histórica derrota. Sus propios intentos de rearticulación debían desarrollarse simultáneamente con el intento de hacerse parte orgánica de la clase obrera, los estudiantes y los pobladores, en la lucha común que todos los militantes de todos los partidos dieron contra la dictadura.

¿Cómo y por qué habían llegado estos grupos trotskistas a esta situación?

 

Las causas políticas que explican la situación de las organizaciones trotskistas: el centrismo

 

Proveniente de una larga y sinuosa tradición que comenzó en 1929 con la formación de la Izquierda Comunista, el trotskismo en Chile llegó a alcanzar en la década de los ’50 con el Partido Obrero Revolucionario (POR) influencia en la vanguardia. Poco antes, en 1946 presentó a Humberto Valenzuela, uno de sus dirigentes históricos, como candidato presidencial, obteniendo 5.732 votos (el PS obtuvo 12.000 votos). Atrae la ruptura por izquierda del parte de la Juventud Socialista. En la década de los ’50, ganó posiciones en la CUT con Luis Vitale como parte de la directiva nacional, Humberto Valenzuela como parte del Provincial Santiago de la CUT y del Consejo Nacional de Federaciones. Dirigió o fue parte de la dirección de importantes huelgas como la primera gran huelga con ocupación en textil Sumar en 1953, la huelga con ocupación en 162 fábricas de calzado, la huelga del Polvorín y Fábrica de Explosivos Técnica Ltda. En 1956[8], ante las jornadas del 2 de abril de 1957[9] y la importante participación del POR, un sector de las JJCC rompen para acercarse a este partido.

Poco después comenzaría su declive. Un largo proceso que es el que conduciría a que llegue diezmado al período de la UP y posteriormente al de la dictadura.

Es el período de la deriva y cristalización centrista del POR. Revisemos algunos elementos[10].

A inicios de la década de 1950, como parte de la línea del X Pleno de la IV Internacional de 1952, donde se aprueba el entrismo total y a largo plazo con excepción de Bolivia y Ceylan, impulsado por M. Pablo, el Buro Latinoamericano de la IV Internacional dirigido por Posadas implementa esta línea e impone un nuevo “entrismo” esta vez en el Partido Socialista Popular (PSP). Se estaba dando un primer paso a la liquidación como partido independiente. Aún no consumado: Humberto Valenzuela resiste esta política, aunque queda solo junto a seis obreros, pero en tan solo un año, el POR pasaría de seis militantes a 100 y a los dos años a 140. El POR había entrado en una nueva fase de su construcción, pero su oscilación frentepopulista que marca su historia volvería a presentarse.

A mediados de la década de 1950, el 29/2/56 se crea el FRAP. El frentepopulismo adoptó diversos ropajes en la vida política nacional de nuestro país, acorde a sus cambiantes situaciones políticas. Esta nueva experiencia se definía de esta forma tanto por su programa como por su composición política. En su programa se afirmaba: “El Frente de Acción Popular se caracterizará fundamentalmente por ser el núcleo aglutinador de la fuerzas que estén dispuestas a luchar por un programa anti-imperialista, anti- oligárquico y anti-feudal”. A su vez, estaba compuesto por los siguientes partidos: PC, PADENA (Partido Democrático Nacional), Vanguardia Nacional del Pueblo y Partido Radical Doctrinario. En 1958 presentará como candidato a presidente a Salvador Allende. El POR, se hará parte de la Convención, y terminará llamando a votar por Allende.

El POR estaba en una permanente oscilación, carecía de una firme y clara estrategia trotskista de independencia de clase de la clase obrera, armado con una estrategia de tipo soviética, de lucha inclaudicable contra las direcciones reformistas y de la burocracia sindical. Sus virajes eran más bien empíricos. Cuando era presionado por una marea ascendente de lucha obrera, y más si era en un sentido objetivamente revolucionario, como recurrentemente había sucedido en la historia de la lucha de clases de Chile, se orientaba en ese sentido. Pero en cuanto esta marea, esta presión, descendía, rápidamente daba un giro oportunista. Es la definición de un partido centrista. Y el POR, con esta decisión, después de las larguísimas experiencias de la clase obrera y de las organizaciones de izquierda con esta estrategia y esta política, rumbeaba ya sin vuelta atrás en esta dirección trágica para la clase obrera y la revolución chilena; y para su propia existencia política. El POR cristalizaba así como un partido centrista con su apoyo “crítico” al candidato frentepopulista, aunque sin menoscabar esto su continuada e importante participación en la lucha de clases y en las organizaciones de la clase obrera.

Era un momento crucial. La clase obrera estaba atenazada entre sus propias tradiciones, sus propias experiencias acumuladas a lo largo de su historia, que le daba el carácter de una clase obrera altamente combativa y con conciencia de clase, y sus direcciones que intentaban por todos los medios recortarle el filo revolucionario que podía tener esta configuración; entre su alta conciencia clasista y combativa y el enorme peso, contradictoriamente, del reformismo.

Esto marcaría el comienzo del declive del trotskismo en Chile, hasta reducirse a pequeñísimas organizaciones sin incidencia alguna determinante, como tales, en la realidad.

Faltaba un paso más, que lo llevaría a su liquidación. Un proceso que no respondía sólo a las especificidades del desarrollo político en Chile, sino también al inicio de la crisis de la IV Internacional, y su estallido centrista, que daría lugar a lo que llamamos el “trotskismo de Yalta”[11].

La IV Internacional realiza su Tercer Congreso Mundial en 1951, con el trasfondo de las llamadas “democracias populares”, el surgimiento de los países no alineados, las discusiones que se extendían en cuanto a la revolución china de 1949, y la guerra fría. Se desarrollaron importantes discusiones ante estas cuestiones. Tal vez la gran conquista teórica y política fue la definición de los nuevos estados surgidos como estados obreros deformados, burocratizados. Pero de todas maneras había una evidente falta de homogeneidad teórica y política, que era reemplazada por métodos burocráticos de dirección. De hecho, por ejemplo y para nuestros fines, se formó un Buró Latinoamericano (BLA), dirigido por Posadas, imponiéndose formas draconianas de unificación entre los partidos en Argentina. En 1953 se produce la ruptura de la IV Internacional. El pablismo, es decir, la corriente dirigida por Michel Pablo, acentúa sus rasgos revisionistas y burocráticos. Su tesis era la de una nueva guerra mundial inminente, que obligaría al stalinismo a adoptar posiciones revolucionarias en el mundo entero. En consecuencia, el trotskysmo debería practicar el llamado “entrismo sui generis”, es decir, el entrismo a largo plazo, disolviendo totalmente su organización en estos partidos a los que en su estrategia y su programa, el trotskysmo declaraba combatir intransigentemente. Significaba la liquidación de las organizaciones trotskystas en la mayor corriente contrarrevolucionaria que había dado la historia del movimiento obrero mundial. Así mismo significaba no solo la adaptación al stalinismo, sino también a nuevos fenómenos de masas de carácter no revolucionario o directamente contrarrevolucionario, como el peronismo en Argentina, el MNR boliviano, el FLN argelino, etc. Fue el estallido del trotskismo y su transformación de partido mundial de la revolución, en un movimiento de carácter centrista, es decir, que se adapta a las direcciones del movimiento de masas, sean stalinistas, pequeñoburguesas o nacionalistas burguesas, tendiendo a liquidar al trotskismo en su programa, estrategia, teoría y táctica. Pero que a diferencia de las direcciones reformistas, burocráticas o contrarrevolucionarias, no terminó de liquidar nunca la conquista que significó la Teoría de la Revolución Permanente y el Programa de Transición para la clase obrera mundial. Y por esto mismo es que se trató de un movimiento centrista, que por momentos, arrinconado en algunas pequeñas organizaciones, mantuvo algunos “hilos de continuidad” con su estrategia y su programa. Es decir, que mientras los trotskystas, sus organizaciones, oscilaban entre la reforma y la revolución, entre la adaptación a alguna de las direcciones enemigas de la clase obrera que actuaban en su seno o una orientación principista, el trotskismo, como teoría, estrategia y programa, se mantenía incólume, aunque bastardeado. El POR chileno fue parte de esta situación del trotskismo internacional.

“El POR perteneció al Buró latinoamericano, y luego al Secretariado Latinoamericano del Trotskysmo (Ortodoxo, SLATO, fundado en marzo de 1957- N de A), organización direccional que tenía como misión coordinar las actividades de las secciones latinoamericanas de la IV Internacional y ayudarlas en su desarrollo. En mi calidad de Secretario General de dicho organismo, me trasladé a Perú a participar en la reorganización del POR peruano, labor que realicé en compañía del camarada Hugo Blanco… “El rico intercambio de experiencia a nivel latinoamericano nos permitía ir afianzando mucho más nuestra propia dirección nacional, tanto desde el punto de vista teórico, como de la política concreta”[12]. Es correcto, pero este “afianzamiento” era en base al nuevo carácter que había asumido el troskysmo internacional.

Años más tarde, en 1963, se formó el Secretariado Unificado (SU), autoproclamado “la” IV Internacional. El POR chileno integró este agrupamiento internacional. Por eso señalemos algunos elementos para comprender qué carácter tenía este agrupamiento. En su X Congreso Mundial de 1974 condensa todo: su resolución se titula “Lucha armada en América Latina”. De hecho, por ejemplo, reconoce como su sección argentina al grupo guerrillero PRT- El combatiente (que más tarde será el PRT-ERP), en lugar del grupo trotskista (centrista) PRT-La Verdad. Cuando se autocritica por su apoyo a todo movimiento guerrillero que surgiera, no hace una crítica estratégica del foquismo, sino que se desplaza a posiciones más abiertamente frentepopulistas.

Pero para terminar de comprender el nuevo giro que daría el POR, es necesario referirse al curso que tomaría la lucha de clases en nuestro subcontinente en aquella década, que adquirirá una nueva dinámica y un gran auge ofensivo a partir de la Revolución Cubana, demostrando a los trabajadores y las masas de América Latina que era posible vencer al imperialismo y a sus aliados menores las burguesías nacionales, abriendo una perspectiva de poder. La guerra de guerrillas empezaba a ser tomada como una estrategia alternativa a la del stalinismo mundial y su vía pacífica al socialismo, su revolución por etapas y su coexistencia pacífica con el imperialismo. De esta manera es que surgirían multitud de «alas izquierdas» en los partidos tradicionales de la clase obrera y también en muchos partidos burgueses. Sin embargo, sin terminar de poner en cuestión la estrategia de colaboración de clases del stalinismo: con la «lucha armada», convertida en estrategia política, el combate contra el stalinismo y el reformismo contrarrevolucionarios y su estrategia de colaboración de clases, era dejado a un lado, permitiéndole mantenerse incólume.

Sobre esta base se formarían los movimientos de izquierda revolucionarios y afines en toda Latinoamérica. Las organizaciones trotskystas a nivel internacional no serían ajenas a esta marea que se había generado al interior de la izquierda. El SU fue la organización que en forma más oportunista respondió a este nuevo escenario, como mencionamos. El POR chileno rompió con el SLATO para adherir al SU, iniciando un nuevo y definitivo giro. En Chile se formó el MIR, y el trotskismo chileno fue uno de los protagonistas del surgimiento de esta nueva organización.

Empalmando, ahora, con la situación política y de la lucha de clases en Chile, que iniciaría un curso ascendente hacia la radicalización. En tan sólo dos años, entre 1965 y 1966, los campesinos se lanzaron a las tomas de tierras y presentaciones de pliegos de peticiones, protagonizando más de 500 huelgas, 31 con tomas de tierras. Se produjo una radicalización de las capas medias asalariadas, que iniciaron una serie de huelgas. El proletariado urbano y minero experimentó una reanimación, aumentando el número de huelgas y sindicalizados. El movimiento de pobladores realizó más de 100 tomas, generalizándose el nombre de “campamentos”. La DC respondió con represión y nuevas masacres, que en este clima de ascenso exacerbará el empuje obrero y popular. El movimiento estudiantil retomó las banderas de la Reforma Universitaria.

Se hacía evidente una vez más la necesidad de un partido revolucionario que luchara contra la conciliación de clases. Las relaciones entre el PS y el PC, los dos partidos mayoritarios de la clase obrera, se estrechaban  y consolidaban, en un sentido más definidamente frentepopulista. Y el POR no se alistó para enfrentar esta estrategia.

Sino que, bajo el impacto de la Revolución Cubana, practicaría una política liquidacionista del partido, en un escenario completamente nuevo y complejo. En 1961, Clotario Blest convocó a una reunión confidencial de dirigentes sindicales de izquierda y forma el Movimiento 3 de Noviembre, con socialistas, anarquistas, trotskistas y sindicalistas independientes de izquierda. En 1962 creó el Movimiento de Fuerzas Revolucionarias, “organismo de frente único formado por el POR, dirigentes anarquistas de la construcción, del cuero y el calzado, cuadros sindicales de la izquierda socialista, militantes del Partido Social Progresista, que habían roto con el Partido Radical, y la Vanguardia Revolucionaria Marxista, formada por ex militantes del PC y de la JS”[13]. “El FMR, continúa Vitale, se propuso como tarea central la unificación de los grupos revolucionarios. El 1.5.64 se unificaba el POR, el MIDI, el MRC, el grupo de la revista Polémica y numerosos militantes que habían salido de las seccionales socialistas de Coquimbo, Talca, Santiago, Concepción y Puerto Montt. De la unidad de estos grupos surgió el PSP que pronto se unificó con Vanguardia Revolucionaria Marxista para dar nacimiento al MIR el 15-8-65”. Ya para este momento, el POR había liquidado al partido.

El POR sería miembro fundador del MIR. No se trataba de la táctica de entrismo, ni siquiera de una especie particular de entrismo. Se trataba lisa y llanamente de la disolución del partido trotskysta, del principal partido trotskysta, que concentraba sus tradiciones y sus mejores y más conocidos dirigentes: “… el POR llega hasta 1964, año en que se disuelve para unificarse con un fuerte núcleo socialista de Coquimbo que hacía mucho tiempo que estaba marginado del partido y con otro bastante numeroso de la provincia de Talca que estaba en las mismas condiciones. De esta unificación surgió el PSP… Por unanimidad fui destinado secretario general de dicho partido, el cual duró hasta 1965, fecha en que se unificó con la Vanguardia Revolucionaria Marxista que presidía Enrique Sepúlveda, dando vida al MIR, de cuyo Comité Central fui miembro hasta el Tercer Congreso Nacional realizado en 1967”[14].

Y tenemos otra confirmación del verdadero significado de esta decisión política de los miembros del POR. Luis Vitale, relatando pormenores del III Congreso Nacional del MIR de diciembre de 1967 al momento de proponer la dirección de la nueva organización, afirma: “Segundos después se encaramó en una mesa el encargado del aparato militar , el ‘pelao’ Zapata, para manifestar que era correcto el criterio de que la Juventud asumiera mayoritariamente la conducción del MIR, pero que para Secretario General era necesario elegir en este momento de consolidación del MIR a un militante más experimentado y maduro políticamente. Por eso, sin mencionar la capacidad de Miguel, se permitía proponer a Vitale como Secretario General. Muchos fueron los que se quedaron atónitos, especialmente los delegados de origen trotskysta. Miré a mi ‘gurú’ político, mi viejo Valenzuela, inquiriendo su opinión; de inmediato me envió un papel con las siguientes palabras: si aceptas, lo más probable es que ganes, pero sería ponerle sello trotskysta al MIR; y eso no conviene. Me levanté y dije, agradezco la proposición del compañero Zapata, pero por razones de un mayor crecimiento del MIR no acepto su moción, y por el contrario acepto la candidatura de Miguel a la Secretaría General”[15].

La disolución del POR significó la crisis definitiva por un largo período del trotskysmo en Chile. Su  liquidación dio origen posteriormente a un sinnúmero de grupos que se reclamaban trotskystas, pero que nunca sobrepasaron el estadio de sectas centristas.

 

Algunas conclusiones sobre el camino recorrido por los grupos trotskistas

 

Antes de continuar, es necesario hacer un alto y sacar algunas conclusiones, que en parte venimos adelantando.

La primera, es que, en su afán de buscar una rápida vía al movimiento de  masas, terminaría al contrario alejándose, hasta prácticamente desaparecer.

La segunda, es que, la liquidación del POR en el MIR se explicó en parte por la Declaración de Principios, de carácter permanentista. Pero así, se reduce la construcción del  partido, y el partido mismo, a la adhesión general “al” programa y “la” teoría, esto en el sentido de que si cualquier organización firma una declaración de principios “permanentista” y un programa “transicional” bastaría para hablar de un partido revolucionario. Pero nos encontramos que pueden firmar esto y algo más “rojo” aún, pero no es parte de su estrategia, ni de su formación, ni de su educación y su práctica como partido, el combate a las corrientes reformistas y contrarrevolucionarias que actúan en el seno de la clase obrera; de esta manera, se transforma el programa y la teoría revolucionarias en papel mojado. Se abandona, o más bien, se separa artificialmente y tomando por la letra la teoría y el programa, de la estrategia por la independencia de clase de la clase obrera a la que se subordina indirectamente, por la falta de este combate al reformismo, a la burguesía.

En tercer lugar, junto con esto, se carecía de una estrategia de impulsar organismos de auto-organización de la clase trabajadora y el pueblo. Justo en los años en que emergerían los cordones industriales.

En cuarto lugar, se sustentaban en una lectura sociológica y objetivista de la Teoría de la Revolución Permanente, bajo la cual se la entiende como que con el empuje de las masas se llegaría al socialismo. Esto había sido parte de los debates frente a la Revolución Cubana y su curso ininterrumpido, y lo que permitía la aparente confluencia de las corrientes castristas con las trotskystas. En vez del acostumbrado programa mínimo para confluir con cualquiera, en este momento de ascenso revolucionario, se ponía como condición un “programa máximo” que igualmente les permitía confluir con cualquiera. De esta forma, los esfuerzos por confluir con desprendimientos de izquierda de los grandes partidos o nuevas generaciones de vanguardia que emergían por aquellos años, como fue la intención original del POR, terminaba liquidando al partido y permitiendo, al revés, un crecimiento impetuoso de corrientes castristas y guerrilleristas de todo tipo, hayan sido “marxistas” o no.

En quinto lugar, y como puede verse, el camino a reducirse a pequeñas sectas, no fue justamente el del sectarismo, sino al contrario, el del oportunismo.

En sexto lugar, destacar que los partidos revolucionarios no disponen de los tiempos de la revolución y la lucha de clases a su voluntad. Es su deber la preparación  previa, durante un largo período, teórica, política, estratégica, programática y táctica de sus cuadros y del partido, que será puesta a prueba en la lucha de clases. El ascenso revolucionario de los primeros años de los ’70 fue un ascenso vertiginoso que exigía un partido revolucionario, su derrota se debió esencialmente a que no existió tal partido.

 

El centrismo condena a la marginalidad a los grupos trotskistas

 

Se llegó así al ascenso revolucionario de los primeros años de los ’70, y posteriormente al período de la dictadura, donde, entonces, apenas pudo jugar un papel marginal.

Con las rupturas y expulsiones del MIR, más los otros grupos existentes del trotskismo, las organizaciones centristas que se reclamaban trotskistas fueron varias. Después de su expulsión del MIR, Humberto Valenzuela formó el Frente Revolucionario. En 1972 se fusionó con Tendencia Revolucionaria Octubre para dar nacimiento al Partido Socialista Revolucionario (sección chilena del SU). Existieron otros varios grupos: Organización Marxista Revolucionaria (ligada al lambertismo). El Partido Obrero Marxista Revolucionario (ligada a Política Obrera de Argentina). El POR (trotskysta), que viene al menos desde el período del FRAP. Otra ruptura del MIR formará la Liga Comunista Revolucionaria (también ligada al SU). Y otra, con una ruptura a su vez de estos últimos, la Izquierda Socialista (ligada al morenismo).

Las diferencias entre estos grupos, no eran menores. Una importante era sobre la caracterización del gobierno de la UP, decisivo para definir la política para el período. En 1973 el grupo de H. Valenzuela denuncia al gobierno de Allende como reformista, de Frente Popular, y llama a la formación de una verdadera dirección revolucionaria, a la organización del poder proletario en milicias populares,  consejos de obreros, estudiantes, campesinos pobres. El POMR como un gobierno obrero. El POR (trotskysta) como un Gobierno Popular.

Así, diezmados, tanto organizativamente como estratégica y políticamente, las organizaciones trotskistas atravesaron el  período de ascenso revolucionario de 1970-73, y continuaron el período contrarrevolucionario de la dictadura, en el que continuaron de todos modos sus esfuerzos de rearticulación y rearme estratégico y político, interviniendo en los fenómenos políticos y de la lucha de clases. ¿Lo lograrían?

 

Los grupos trotskistas en dictadura: esfuerzos de rearticulación e intervención en la lucha de clases

 

La dictadura, como a todas las organizaciones y militantes de izquierda, persiguió a los trotskistas. Luis Vitale y Humberto Valenzuela fueron arrestados, pasaron por campos de concentración, fueron torturados y luego pasaron al exilio.

Muchos de sus militantes son detenidos- desaparecidos. Entre los que pudimos rescatar, cuentan Sergio Arturo Flores Ponce, 23 años. Detenido-desaparecido el ’74. Militante de la Liga Comunista. O “Braulio”, también de la Liga Comunista de Chile. También, Marisol Vera de 22 años y Jorge Fernández de 17 años, del PST.

Como todas las organizaciones de izquierda, aún en esas condiciones, fueron recomponiendo sus filas. Muchos de sus nuevos militantes provenían de familias políticamente de la UP, que se activaron con las Jornadas Nacionales de Protesta.

Como todas las organizaciones de izquierda, fueron parte de la lucha por recomponer las filas y organizaciones de la clase trabajadora. Tal vez uno de los casos más importantes, fue la lucha de los trabajadores de Madeco. Allí, el dirigente trotskista Héctor Velásquez jugó un rol destacado. Tras la persecución y represión a los trabajadores y dirigentes, se lucha por recomponer las filas de los combativos trabajadores de esta empresa[16]. En 1976, “Héctor Velásquez, que fue uno de los trabajadores contratados en 1976, y que posteriormente se convirtió en el dirigente sindical de mayor trayectoria dentro del sindicato durante los años 1980 y 1990, utilizó sus capacidades como deportista (había estudiado pedagogía en educación física en la universidad) para ganar la confianza de sus compañeros más antiguos: “trataba de participar en todas las actividades de carácter deportivo que había en la empresa y así me fui haciendo conocido de la gente, salíamos después de las horas de trabajo a conversar, pichangas que se hacían, y entonces íbamos creando una especie de corriente de opinión. Desde su fundación en 1944, la gerencia de MADECO mantenía un mercado laboral interno que permitía a los trabajadores postular a cargos abiertos dentro de la empresa. Por lo tanto, en 1977, Velásquez postuló y recibió un cargo como cuidador de la sala cuna: “Yo hacía reuniones en la sala cuna. Como estaba cerca, los trabajadores nos reuníamos ahí –un grupo chico 5, 6 personas– para proponer ideas y orientar la organización, la vida sindical; y de hecho, dirigimos el cambio de directiva el año ‘81, el cambio de rumbo del sindicato”. En 1981 Velásquez, junto a otros es elegido en la directiva sindical. Le dieron un tono más combativo. Publicaron una revista, promovieron la alianza con otros sindicatos. Y propusieron un seminario sindical llamado Conferencia Intersindical Metropolitana. En 1983, continúan los despidos masivos, y se produce la gran huelga de los 59 días: Cuando los huelguistas volvieron al trabajo después de 59 días “sin haber ganado nada”, se consolaron con su análisis de que fueron “derrotados prácticamente por la ley”, pero la huelga culminó el proceso de organización clandestina y de reactivación pública del sindicato. Tras eso, Velásquez fue elegido presidente del sindicato, y la gerencia “intentó, sin éxito, desaforar a Velásquez en procedimientos legales con el argumento que éste faltó al trabajo por dos días sin permiso. En 1984, agentes de inteligencia detuvieron y torturaron a Velásquez basados en una acusación según la cual él había detonado una bomba dentro de la empresa; finalmente lo dejaron en libertad porque no hubo ninguna prueba en su contra. Posteriormente, la gerencia comenzó a despedir a cualquier persona que hablara con Velásquez en el trabajo; y por último, la gerencia en varias oportunidades le ofreció un cargo de confianza en la empresa a cambio que dejara su cupo en la directiva del sindicato”.

Las distintas organizaciones del trotskismo, también atentos a las reconfiguraciones de los partidos, discuten tácticas para intervenir ante esos proceso. La Izquierda Socialista, ante el fraccionamiento del PS, lanzará la táctica de la Juventud Socialista en 1982, para intentar atraer a sectores del PS que pudieran romper por izquierda, y en 1985 forman el Partidos Socialista de los Trabajadores (PST).

Publican materiales en la clandestinidad, como el periódico El Socialista (Izquierda Socialista), el periódico Ofensiva Socialista (el PSR), la revista teórica Boletín Exterior (la Liga Comunista).

Se trata de esfuerzos de intervención política y de elaboración. Realizarán caracterizaciones para orientarse en la realidad, rescatamos aquí algunas, de los pocos materiales que han logrado ser preservados. Hacia mediados de los ’80, corriendo las Jornadas de Protesta, el PST definirá la situación como revolucionaria, y que la dictadura debía ser derrocada con una revolución clásica[17]. La Liga Comunista de Chile, por su parte, ya en 1979, plantea que lucha por lucha por: Un Gobierno Obrero y Popular en base a Consejos Obreros y Milicias Populares, que surja de una insurrección popular victoriosa, la construcción de un partido revolucionario del proletariado y las masas populares, la organización de la resistencia para pasar a una huelga general insurreccional para derribar la dictadura, por un Gobierno Obrero y Popular[18].

También realizarán polémicas sobre las formas de la lucha contra la dictadura. La Liga Comunista, en un artículo titulado “Terrorismo o insurrección popular (sobre la propaganda armada)”, ante la campaña de bombazos del MIR, denuncia primero la  represión y la campaña de la dictadura. Para después, polemizar con el “terrorismo” vs. las acciones armadas de masas. También polemiza con la consigna del MIR de “Gobierno Democrático, Popular, Revolucionario”. Y llama a un “Frente Unico Antifascista”, para agitar y hacer propaganda de la necesidad de una alternativa proletaria independiente, y organizar y movilizar por reivindicaciones inmediatas “señalándoles siempre un camino de lucha mayores” contra la dictadura y el Estado burgués[19].

Las elaboraciones, llevarán a nuevas tensiones. En 1985, con las Jornadas de Protesta, la formación y protagonismo de la CTC y del CNT, el PST define un giro a la clase obrera. Pero los llevará a un quiebre transitorio: en 1986, se divide entre el Partido de Trabajadores Socialistas (PTS) y PST. Aunque el PTS, tras la salida de los dirigentes históricos del PST, se reunifican. La ruptura fue por la resistencia del PST a dar el giro al movimiento obrero, continuando su trabajo entre la juventud. Y darán un giro teórico hacia la “revolución democrática contra el régimen”. Con la consigna de Asamblea Constituyente, con un Gobierno asumido por la CNT y el MDP caracterizado como “gobierno obrero y popular”[20].

Pero abriendo tensiones entre el PST y la Liga Internacional de los Trabajadores (LIT), hacia el final de la dictadura: Para los militantes del PST, el inicio de la campaña del Plebiscito y triunfo del NO significaba cerrar la situación revolucionaria. Mientras tanto, para la LIT no se cerraba ni con el triunfo del NO, preguntándose “¿Significa esto que se cierra la situación revolucionaria? ¿Se abre en Chile un período de régimen burgués sólido y estable? Lo más probable es lo contrario?”[21]. Argumentando que el movimiento de masas, si bien había sido conducido hacia a las elecciones y la negociación pactada, era un triunfo de éstas por las grandes movilizaciones populares entre 1983-1987, por lo cual el régimen se tuvo que abrir a reformas por arriba, lo cual le estaban cambiando el carácter de “bonapartista contrarrevolucionaria” a “bismarkista senil”. Es decir, el régimen totalitario concedía libertades democráticas que habían recompuesto las organizaciones del movimiento obrero que dieron nacimiento a una CUT reconstruida, para lo cual el partido debía aprovechar al máximo la legalidad permitida y construirse. Mientras para el PST la situación revolucionaria y la revolución democrática se cerraba, para la LIT el “voto de castigo” a Pinochet con el NO y el triunfo de Aylwin, significaba que “las luchas de las masas no tardarán demasiado en colocarse en el centro de la escena”[22], producto de que las masas habían derrotado al régimen por presión electoral, colocándose a la ofensiva, pero con direcciones como el PC y PS que abortaban cualquier intento que traspasara los márgenes legales de la salida pactada. Finalmente, el PST llama a inscribirse y a votar por el NO. La débil recomposición de sus fuerzas, no lograba recomponer sus concepciones estratégicas, políticas y sobre el partido, afirmando el carácter  centrista que definía a las organizaciones trotskistas desde ya décadas. Para fines de la dictadura e inicios de la democracia burguesa, impulsaron la formación del Movimiento al Socialismo (MAS).

La otra vertiente de las organizaciones trotskistas, la Liga Comunista, realizará un necesario e importante aporte: un balance del golpe. Ya tempranamente en un Congreso en la clandestinidad en 1975, que será nuevamente publicado a fines de la dictadura en 1988, para preparar el siguiente período que comenzaba. Con el documento “El fracaso histórico del reformismo. Balance del Gobierno de la Unidad Popular”.

Su tesis es categórica y correcta: “El fracaso de la llamada “vía chilena” es el fracaso de esos partidos y organizaciones, especialmente del PC y del PS. Los acontecimientos referidos sometieron implacablemente a una prueba decisiva a cada una de las tendencias políticas que reclamaban para sí un rol de vanguardia en la lucha del proletariado por su liberación, desnudando el verdadero carácter de todas ellas y revelando con una nitidez difícil de igualar todas sus virtudes y defectos”. Pondrán al centro estratégico, y creemos que fue la única organización que lo hizo en esos años y por muchos años más, “la significación política de los cordones y comandos”. Planteando que “la ceguera política o, peor aún, el oportunismo más extremo que este tipo de acusaciones hace patente, ilustran a las claras el papel de freno que los reformistas comenzaron a jugar abiertamente una vez que la situación se hizo crítica, permitiendo de ese modo que la contrarrevolución levantara cabeza. Para su mentalidad de burócratas anquilosados, los cordones y comandos, a través de los cuales la revolución proletaria comenzaba a mostrar su rostro, constituían una amenaza, un peligro, frente al orden institucional que aspiraban a conservar. Para un revolucionario, tales organismos constituían, en cambio, una inmensa conquista de las masas en el camino de la revolución proletaria, los gérmenes de un poder popular alternativo al poder burgués, que era necesario fortalecer incesantemente, impulsando su desarrollo a nivel regional y nacional e impulsando simultáneamente el armamento de las masas”. Y concluían: “Sin embargo, al mismo tiempo que la situación exigía impulsar y preparar enérgicamente a estos organismos para enfrentar las inmensas tareas que las masas populares tenían por delante, las organizaciones políticas que dirigían mayoritariamente los cordones se quedaban a medio camino, mostrando su completa incapacidad de ponerse a la altura que las circunstancias exigían. Por ello, los cordones y comandos no lograron recuperar su carácter de poder embrionario, es decir, no pudieron desarrollarse a escala nacional y regional y, mucho menos, preparar el armamento del proletariado y de las amplias masas del pueblo. La ausencia de un verdadero Partido Revolucionario se hizo sentir aquí con toda su fuerza como la mayor debilidad, como la debilidad fatal del pujante movimiento de masas que se encontraba casi a las puertas de la victoria”.

Sobre el papel decisivo del problema de la insurrección armada, polemizaron duramente: “Por otro lado, las organizaciones centristas, y particularmente el MIR, cometieron diversos errores vinculados con la apreciación que hicieron de las FFAA en los distintos períodos del gobierno de la UP. Así, en los primeros meses del gobierno UP, incapaces de valorar acertadamente la situación política en sus aspectos fundamentales (relación de fuerzas, opciones políticas predominantes en el campo burgués, contradicciones en el seno de las FFAA, verdadero alcance de los intentos sediciosos de la extrema derecha, etc.), contribuyeron a crear una verdadera sicosis de golpe inminente a corto plazo que, en esas condiciones, sirvió paradojalmente sólo al reformismo en la medida en que el golpe no se produjo inicialmente y que su peligro latente impulsaba a las masas a mantener su cohesión en las filas de la UP. Posteriormente ganó cuerpo en las filas del centrismo la idea de que el desenlace de la crisis política estaría fatalmente determinado por el resultado del enfrentamiento interno que se desarrollaba en el seno de las FFAA entre los sectores golpistas y los oficiales, suboficiales, clases y tropas antigolpistas. Por ello es que todo su esfuerzo militar se concentró en los últimos meses del gobierno UP en el trabajo de propaganda y organización dirigido a las FFAA y no en procurar resolver el problema del armamento del proletariado y de las masas populares. El trabajo revolucionario en el seno de las FFAA del Estado burgués, que busca dislocar y desarticular al máximo la capacidad combativa de las fuerzas represivas en una situación revolucionaria, es, sin duda, un aspecto decisivo en la preparación de una insurrección victoriosa. Pero siendo importante, e incluso decisivo, este trabajo tiene un carácter auxiliar con respecto a la organización y preparación de los destacamentos de combate del proletariado que constituye la tarea central en la preparación de una lucha insurreccional por el poder. Si esto no es comprendido claramente, se estará trabajando inevitablemente para la derrota: en el momento del enfrentamiento todas e las posiciones conquistadas en el seno de las FRFAA se perderán si el proletariado no se muestra capaz de levantar sus propios frentes de lucha, poner en pié de combate a sus propias fuerzas y pasar a la ofensiva sobre los objetivos militares estratégicos del enemigo, atrayendo e integrando a estos sectores previamente ganados en el seno de las FFAA”.

Sin embargo, aún así, no logró ser un documento que preparar para las tareas que se avecinaban. En su balance sobre “la izquierda revolucionaria”, hacen consideraciones en general correctas sobre el MIR. Pero sobre la actuación de las organizaciones trotskistas, eluden el problema crucial que aquí planteamos más arriba: ni una sola mención al liquidacionismo del período de formación del MIR, del que el SU era responsable ya en esos años. Así, quedaban completamente desarmados estratégica y políticamente.

Por último, el POR(t) con Héctor Velásquez a la cabeza, se afirmaría en sus conquistas en la lucha de clases, y desde Madeco se afirmaría en la dirección de ese sindicato en los años ’90, pero consolidando un carácter sindicalista.

 

Palabras finales

 

Son escasos los materiales de los grupos trotskistas a los que se puede acceder hoy día. Su militancia de entonces, mayormente se ha dispersado. Pero el ver su actuar en aquellas décadas decisivas para la clase trabajadora y el pueblo pobre de Chile, las lecciones que los llevaron a tal situación, vuelven a ser hoy día de central importancia para las tareas por venir.

Podemos volver a decir que los trotskistas que hoy luchamos por reconstruir nuestras filas, tanto a nivel nacional como internacional, debemos estudiar y aprender de nuestra historia, para emprender la urgente tarea de poner en pie un partido trotskista en Chile que sea capaz de fusionarse con las jóvenes generaciones de obreros para combatir por el triunfo de la revolución obrera y socialista. La lucha tanto contra las direcciones enemigas de la clase obrera en su seno, como contra su propia deformación centrista se demuestran más necesarias que nunca. Aprender de nuestra propia historia y sacar las lecciones de nuestra propia experiencia son un componente importante de esta lucha. Con este relato hemos intentado dar un primer paso y contribuir a su conocimiento.

 

8-2-2014


[1] Ver Dolores Mujica, Cordones Industriales. Cronología comentada. Biblioteca de Historia Obrera. En: www.bibliotecaobrera.cl

[2]  Trotsky, Historia de la Revolución Rusa. Capitulo VIII ¿Quién dirigió la insurrección de febrero?

[3] Ver: Santiago Aguiar. Rastros de los sindicatos y la clase obrera bajo la dictadura. Relación social de explotación: Estructura, sujeto, acción social. Cuadernos de Estudios del Trabajo nº 9. En: www.estudiosdeltrabajo.cl

[4] Oxhorn, Philip. La paradoja del gobierno autoritario: organización de los sectores populares en los ochenta y promesas de inclusión. En revista Política. Volumen 43; http://www.inap.uchile.cl/cienciapolitica/rev-politica/43/index.html

[5] Ver: Luis Rojas Nuñez, De la rebelión popular a la sublevación imaginada. Antecedentes de la historia política y militar del PCCH y del FPMR 1973-1990. Rolando Alvarez, Desde las sombras. Una historia de la clandestinidad comunista (1973-1980). Rolando Alvarez, Arriba los pobres del mundo. Cultura e identidad política del PCCH entre democracia y dictadura. 1965-1990.

[6] Ver: Nicolás Miranda. MIR: estrategia y política ante la prueba del ascenso revolucionario. Un debate para la construcción de un partido revolucionario de combate hoy. Revista La Batalla nº 2, mayo 2012.

[7] Ver: Cristian Pérez. Vidas revolucionarias.

[8] Ver: Nicolás Miranda. Contribución para una historia del trotskismo chileno. 1929-1964

[9] Ver: Pedro Milos. Historia y memoria. 2 de abril de 1957.

[10] Ver: Nicolás Miranda. Contribución para una historia del trotskismo chileno. 1929-1964

[11] Ver, entre otros: “Lo hemos denominado “trotskismo de Yalta” para caracterizar esa degeneración de la Cuarta Internacional de posguerra, un trotskismo que no restableció un nuevo marco estratégico y, por consecuencia, se adaptó a las condiciones impuestas por el imperialismo y la burocracia soviética”, Emilio Albamonte y Manolo Romano Trotsky y Gramsci. Convergencias y divergencias, en: http://www.ft.org.ar/estrategia/ei19/ei19trotskygramsci.htm. “ (…) los trotskistas se ubicaron a la izquierda de las direcciones reformistas, pero con una lógica de presión sobre las mismas, de forzarlas a “ir más allá”, que evitó que fuesen una alternativa independiente a éstos (…)En la posguerra, los errores de los “trotskistas de Yalta” en definir un marco estratégico adecuado iban a tener su expresión en la adaptación política a las distintas corrientes reformistas. Nunca definieron con claridad que la forma de romper el equilibrio del centro capitalista venía por el papel desestabilizador de las revoluciones del mundo colonial y semicolonial en las mismas metrópolis imperialistas. En vez de definir una estrategia que respondiera a esta dinámica se adaptaron a la división en “tres mundos”, como lo expresó Mandel “parcelando” la teoría de la revolución permanente. Un segundo aspecto que quería plantear en la crítica al “trotskismo de Yalta” es la desvalorización de lo que denominamos “estrategia soviética”. Llama la atención leyendo los documentos de las corrientes trotskistas de Yalta, la poca importancia que le daban a las tendencias al surgimiento de soviets, no como planteos episódicos en esta o aquélla revolución, sino como concepción. Por el contrario, lo que se transformó en la clave del pensamiento político, es lo que en la tradición del marxismo es un elemento importante pero táctico, el frente único en formas no soviéticas (el soviet es también una forma de frente único) con las direcciones reformistas, que pasó a ser poco menos que una estrategia permanente. Como las direcciones eran tan fuertes, el estalinismo, la socialdemocracia en los países de occidente o el nacionalismo burgués en las semicolonias, el eje era lograr acuerdos con esas corrientes, o realizar distintas experiencias entristas que de episódicas se transformaban en permanentes, para lograr la movilización y al calor de ésta tratar de hacerlas ir “más allá” de lo deseado por ellas.”, Christian Castillo. La actualidad de Trotsky, en: http://www.ceipleontrotsky.org/La-actualidad-de-Trotsky-Christian-Castillo. También: II Conferencia de la Fracción Trotskista – Estrategia Internacional, en: http://www.pts.org.ar/II-Conferencia-de-la-Fraccion-Trotskista-Estrategia-Internacional.

[12] Humberto Valenzuela, Historia del movimiento obrero.

[13] Luis Vitale, Interpretación marxista de la historia de Chile, t. VI.

[14] Humberto Valenzuela, Historia del movimiento obrero.

[15] Luis Vitale, La praxis de Miguel en el MIR del período 1965-1970.

[16] Joel Stillerman. Continuidades, rupturas y coyunturas en la transformación de los obreros de Madeco S.A., 1973-2003.

[17] Hidalgo, Emilio. El partido mundial de la revolución socialista. Microhistoria, subjetividad y cultura política: Contribución a una historia del trotskismo-morenista en Chile. 1982-1997. http://www.izquierdacomunista.cl/images/Archivos/Declaraciones/El_partido.pdf

[18] Liga Comunista de Chile. Boletín exterior nº 6. Organización simpatizante de la IV Internacional. Junio- julio 1979.

[19] Liga Comunista de Chile. Boletín exterior nº 6. Organización simpatizante de la IV Internacional. Junio- julio 1979

[20] Correo Internacional, nº 21, 7/86. Cruz, Roberto. La agonía de Pinochet. Citado en Hidalgo, E.

[21] Correo Internacional nº 37, 11/88. Luna, Ramón. El pueblo dijo NO. Citado en Hidalgo, E.

[22] Correo Internacional nº 44, 1/90. Luna, Ramón. Chile volvió a castigar a Pinochet. Citado en Hidalgo, E.

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