En este momento en que se conmemoran los 134 años de la Comuna
de Paris, es muy oportuno destacar la participación de las
mujeres revolucionarias, denominadas peyorativamente por las fuerzas
reaccionarias y
aristocrático-burguesas, les pétroleuses, o sea, las
incendiarias.
La presencia y la participación femenina en las luchas políticas
y revolucionarias en Francia y en otros países es una constante,
incluso, el símbolo de la República francesa está representado
por una mujer.
Hasta hace algunas décadas la intervención femenina
en las luchas políticas revolucionarias no era motivo de estudio,
pese a su destacada participación en los principales acontecimientos
de nuestra historia, principalmente a partir de la historia moderna.
Ellas Estuvieron presentes, aunque relegadas y marginadas. Esta realidad
está siendo cambiada en las últimas décadas
por el esfuerzo destacado de las feministas, que osan investigar
y comprobar que las mujeres, cerca de un 50% - posiblemente con pequeñas
diferencias en uno u otro periodo - de la población en toda
la historia de la humanidad, han estado participando de los hechos
históricos. Esto atañe sobre todo a las mujeres trabajadoras,
que desafiando las ideas preconcebidas y los límites culturales
- incluso en contra de los hombres revolucionarios -, conquistaron
sus derechos, no solamente como parte integrante de la parcela social
mayoritaria, explotada y oprimida, sino también derechos específicos
en cuanto mujeres, o como actualmente se definen, sus derechos de
género.
En todas las revoluciones burguesas y proletarias de los siglos XVIII,
XIX y XX, "las mujeres con estudios utilizaron las oportunidades
que se les ofrecieron de plantear demandas sociales, económicas
y políticas radicales, sobre todo aquellas destinadas a transformar
el lugar que ocupan las mujeres en la familia y la economía,
en concreto mediante la exigencia de derechos e igualdad legales.
Sin embargo, las mujeres de la clase baja también participaron,
sobre todo cuando los problemas económicos amenazaban su nivel
de vida y el de sus familias. Con frecuencia estas mujeres conectaron
estas cuestiones con las luchas por el poder y los cambios políticos
radicales que tenían lugar e hicieron pleno uso de la oportunidad
de presionar a favor de reformas legales y constitucionales. (...)
Sin embargo, en líneas generales, los hombres revolucionarios
no parece que hayan tenido muy en cuenta los derechos de la mujer.
Además, las mujeres rara vez han ido mas allá de apoyar
o actuar a través de sus hombres. De hecho, muchos hombres
temían al
parecer que las mujeres participasen en actividades políticas.
Como consecuencia, los políticos e historiadores varones han
ignorado a las mujeres revolucionarias o las han pintado como amazonas
y fieras, mientras
que muchos hombres radicales se han mostrado a veces poco dispuestos
a respaldar los derechos de la mujer, por si acaso parecían
unos insensatos a los ojos de los demás hombres." (TODD,
2000: 128).
LAS MUJERES EN LA REVOLUCIÓN DE 1789
Ya en el año de 1789 y posteriores, las mujeres participan
de forma destacada en las luchas revolucionarias. Como uno de los
sectores más sensibles a las consecuencias de las crisis,
asumen un papel señalado en las
movilizaciones contra la escasez, el hambre y la irregularidad en
el abastecimiento, mas no se quedan solamente en este frente: empiezan
a asumir la lucha y a hacer reivindicaciones políticas de
forma cada vez más destacada. Crean asociaciones destinadas
a exigir la defensa de los derechos de las mujeres, como por ejemplo
la Sociedad de Mujeres Republicanas Revolucionarias, fundada en febrero
de 1793, por Claire Lacombe y Pauline Léon, responsable de
diversas conquistas revolucionario-populares. Algunas
feministas consiguen destacarse en la defensa de sus derechos y por
colocar sus reivindicaciones como parte de las plataformas políticas.
De entre éstas se destacan Marie-Jeanne Roland, conocida como "Manon" Roland,
discípula de Rousseau y célebre como la philosophe
republicana; la holandesa Etta Palm d´Aelders; Olympe de Gouges,
que redactó una Declaración de Derechos de la Mujer;
Tréroigne de Méricourt, que se destacó en el
grupo Amigos de la Constitución en 1790. Se debe apuntar que
la participación de las mujeres en este momento es identificada,
por su propio carácter y por el contenido de clases, con la
perspectiva burguesa, no incluyendo en sus reivindicaciones el contenido
social y igualitario, que sólo surgirá posteriormente.
LAS MUJERES EN LA PRIMAVERA DE LOS PUEBLOS EN 1848
En general, la participación femenina en las revoluciones
de 1848, durante la primavera de los pueblos, manifiesta un contenido
algo distinto de la
fase anterior, ya que es destacada la presencia de las trabajadoras
y la
aparición de las ideas socialistas y comunistas, que defienden
la igualdad
para las mujeres y la asocian con la emancipación de clase,
con la
superación del orden existente.
Al igual que en otros momentos revolucionarios, en la Revolución
de 1848, en
Francia, París destaca como la localidad donde sucedieron
el mayor número de
manifestaciones proletarias y donde las mujeres participaron más
activamente, incluso de forma independiente, tanto en la organización
de
huelgas y asociaciones gremiales, como reivindicando que el Plan
Nacional de
Talleres no fuera excluyente para las mujeres y restringido a aminorar
sólo
las consecuencias del paro masculino. Incluso consiguen que representantes
de los gremios de mujeres formen parte de la Comisión Luxemburgo,
responsable de analizar y presentar al gobierno provisional, sugerencias
relativas a las condiciones de los trabajadores y a sus salarios.
Entre las organizaciones especificas fundadas en este periodo destaca
las
Vésuviennes, que, en su lucha por las reivindicaciones femeninas,
organizaba
grupos de mujeres para entrenamientos de contenido militar. El Club
para la
Emancipación de las Mujeres, la Unión de las Mujeres
y la Asociación
Fraternal de Demócratas de Ambos os Sexos reivindicaban la
igualdad de
derechos para las mujeres, el derecho al divorcio y al voto. Se sabe
también
que muchas mujeres asistieron a las reuiones de la Sociedad Republicana
Central dirigida por Blanqui y que, en algunas ciudades de las provincias,
surgieron clubes femeninos (TODD, 2000: 135).
"
Los defensores de los derechos de la mujer también imprimieron
miles de
carteles, boletines y proclamas, además de fundar revistas
y periódicos, el
más importante de los cuales, La Voix des Femmes (La Voz de
las Mujeres),
abogaba por el divorcio y las guarderías infantiles para las
mujeres
trabajadoras. Fuera de París, sus esfuerzos tendían
a limitarse a exhortar a
sus maridos para que pasaran a la acción(...) sin embargo,
a medida que el proceso de politización característico
de las revoluciones de 1848 se
extendía, la participación política de las mujeres
tendía a aumentar.
Algunas lucharon en las barricadas durante la revolución de
febrero, pero fueron muchas más las que participaron en la
enconada lucha callejera de junio de 1848. Las mujeres de París
lucharon con tanta fiereza como los hombres y constituyeron un pequeño
porcentaje del total de muertos, heridos o arrestados. Aunque algunas
se limitaron a cargar y limpiar las armas, otras dirigieron grupos
de combate integrados sólo por hombres. La actividad política
de las mujeres se restringió después de que se reprimiera
el levantamiento de los "días de junio", pero muchas
habían aumentado su conciencia social y política." (TODD,
2000: 135).
Muchas de las activistas femeninas, o mejor, feministas, lucharon
no sólo en los acontecimientos de la Revolución de
1848 en Francia, sino que tuvieron un papel político importante
en las luchas feministas posteriores, de entre las cuales se destacan:
Eugénie Niboyet, responsable de la publicación del
periódico parisino Voz de las Mujeres, dedicado a la defensa
de los derechos específicos de las mujeres; Jeanne Déroin,
fundadora del Club para la
Emancipación de las Mujeres; Joséphine Courbois, conocida
como la reina de
las barricadas, por su actuación destacada en las barricadas
en Lyón, y
posteriormente en 1871, continuando a su militancia, por su lucha
en las
barricadas de la Comuna de Paris; Amadine Lucile Aurore Dudevant,
conocida
como George Sand, intelectual y escritora conocida por sus ideas
republicanas y revolucionarias.
En otros países de Europa, la presencia y participación
femenina en las
luchas revolucionarias de 1848 no alcanzaron el nivel y la intensidad
que
tuvieron en Francia.
En el Imperio Austro-Húngaro, en Viena y Praga, las mujeres,
aunque no haya
quedado constancia de que presentaran reivindicaciones especificas,
se
reunían para tratar de asuntos políticos y publicar
periódicos. Hay
constancia de que en Praga, en junio de 1848, participaron en las
luchas, y
en Viena, en octubre, colaboraron en la construcción de barricadas.
En
Hungría se llegaron a formar dos regimientos femeninos y algunas
mujeres,
disfrazadas de hombres, se alistaron en las tropas, dándose
incluso el caso
de dos que alcanzaron el puesto de capitán antes de ser descubiertas.
La
existencia de organizaciones femeninas se restringe prácticamente
a Praga y
Viena, dedicándose a apoyar los refugiados políticos
e insurgentes
encarcelados. El Club de las Mujeres Eslavas, organizado en Praga,
se
dedicaba a la educación de las mujeres en su lengua patria.
En los Estados Alemanes, en la ciudad textil de Elberfeld, las mujeres
participaron en el 31 de marzo de 1848 en una manifestación
de apoyo a los
trabajadores y a favor de la unificación de Alemania, proponiendo
que se
usasen solamente ropas confeccionadas en el país. En otras
localidades y
eventos la participación se limitó a actividades de
apoyo. Los hombres en
sus clubes políticos, incluidos los burgueses radicales, con
excepción de
los socialistas y comunistas, no permitían la participación
femenina. En
Berlín, el pequeño Congreso de Trabajadores, que congregaba
treinta y una
(31) organizaciones, apoyaba la reivindicación de igualdad
para las mujeres,
e igualmente tenemos constancia de la existencia del Club Democrático
de
Mujeres. Entre las mujeres se destacan las feministas Matilde Franziska
Anneke y Luise Otto-Peters, responsables de la publicación
de periódicos.
En los Estados Italianos antes de 1848, pese sus ideas nacionalistas
y
liberales, la participación de las mujeres se limitó,
salvo algunas pocas
excepciones, a apoyar las actividades revolucionarias de los hombres.
En
general, las mujeres italianas, en este período, no fueron
más allá del
apoyo a sus esposos y familiares. En los Estados Italianos destacó la
brasileña Anita Garibaldi, considerada la verdadera heroína
italiana, por su
participación al lado de Garibaldi, su esposo, en las luchas
por la
unificación de Italia.
LAS MUJERES EN LA COMUNA DE PARIS DE
1871
Pero, de todas esas luchas revolucionarias en las que las mujeres
tuvieron
participación, sobresalen las de la Comuna de Paris, tanto
por su contenido
político como por su número e intensidad.
En 1871, pese a la participación de las mujeres en las jornadas
revolucionarias durante casi un siglo de lucha de clases, los trabajadores
sufrían unas precarias condiciones de vida y las trabajadoras
sufrían una
doble explotación y discriminación: como mujeres y
como trabajadoras,
careciendo además del derecho al voto, permitido a los hombres.
Un ejemplo
de las discriminaciones a las que estaban sometidas las mujeres aparece
en
el código civil francés. Éste, modelo de código
civil burgués, y seguido en
distintos países, "fue uno de los documentos más
reaccionarios en lo que
respecta a la cuestión de la mujer. La despojaba de todo y
cualquier
derecho, sometiéndola enteramente al padre o al marido, no
reconocía la
unión de hecho y sólo reconocía a los hijos
del casamiento oficial." (MARTINS, 1991: 47-48). Para muchas mujeres, la Comuna se presenta
no sólo
como una posibilidad de conquistar una Republica social, sino de
conquistar
una Republica social con igualdad de derechos para las mujeres.
El 18 de marzo de 1871, considerado el día del deflagrar de
la Comuna,
fueron las mujeres las primeras en dar la alarma y revelar la intención
de
las tropas al mando del gobierno de Thiers de retirar los cañones
de las
colinas de Montmartre y desarmar París. Las mujeres se pusieron
delante de
las tropas gubernamentales e impidieron con sus cuerpos que los cañones
fueran retirados, e incitaron la reacción del proletariado
y de la Guardia
Nacional a la defensa de París. "
En concreto, las mujeres trabajaron en fábricas de armas y
municiones,
hicieron uniformes y dotaron de personal a los hospitales improvisados,
además de ayudar a construir barricadas. A muchas se las destinó a
los
batallones de la Guardia Nacional como cantinières, donde
se encargaban de
proporcionar alimentos y bebida a los soldados de las barricadas,
además de
los primeros auxilios básicos. En teoría, eran cuatro
las cantinières
destinadas a cada batallón, pero en la práctica solían
ser muchas más. Por
otra parte, abundantes datos muestran que muchas mujeres recogieron
las
armas de hombres muertos o heridos y lucharon con gran determinación
y
valentía. También hubo un batallón compuesto
por 120 mujeres de la Guardia
Nacional que luchó con valentía en las barricadas durante
la última semana
de la Comuna. Obligadas a retirarse de la barricada de la Place Blanche,
se trasladaron a la Place Pigalle y lucharon hasta que las rodearon.
Algunas escaparon al Boulevard Magenta, donde todas murieron en la
lucha final." (TODD, 2000: 140).
Las actividades desarrolladas por las mujeres englobaban una serie
de funciones, destacándose aquellas destinadas a la asistencia
a los heridos y
enfermos, a la educación en general y el abastecimiento. Aunque
no existió la organización de movimientos feministas
como los conocemos hoy, y no fue elaborado un programa sólo
con reivindicaciones especificas, las revolucionarias crearon cooperativas
de trabajadores y sindicatos
específicos para las mujeres. Participaron activamente de
clubes políticos,
reivindicando la igualdad de derechos, como por ejemplo el Club de
los
Proletarios y el Club de los Librepensadores. Crearon organizaciones
propias
como el Comité de Mujeres para la Vigilancia, el Club de la
Revolución
Social, el Club de la Revolución y la que consiguió destacarse
de la otras,
la Unión de Mujeres para la Defensa de París y la Ayuda
a los Heridos,
fundada por miembros de la Internacional, influidos por las ideas
de Marx.
Se publicaron se periódicos destinados a las mujeres: Le Journal
des
Citoyennes de la Comuna (Periódico de los Ciudadanos de la
Comuna) y La
Sociale (La Sociedad).
Las revolucionarias en la Comuna adquirieron importancia no sólo
como
luchadoras de las causas sociales, sino como feministas, pertenecientes
a la
clase obrera o a los sectores radicales de los sectores medios,
identificadas con las luchas por la conquista de una Republica social
con
igualdad de derechos. Entre las mujeres en este período, la
más conocida fue
la activista socialista Louise Michel, fundadora de la y Unión
de Mujeres
para la Defensa de París de apoyo a los Heridos y miembro
de la I
Internacional. También destacan: Elizabeth Dmitrieff, militante
socialista y
feminista; André Léo responsable de la publicación
del periódico La Sociale;
Beatriz Excoffon, Sophie Poirier y Anna Jaclard, militantes del Comité de
Mujeres para la Vigilancia; Marie-Catherine Rigissart, que comandó un
batallón de mujeres; Adélaide Valentin, que llegó al
puesto de coronel, y
Louise Neckebecker, capitán de compañía; Nathalie
Lemel, Aline Jacquier,
Marcelle Tinayre, Otavine Tardif y Blanche Lefebvre, fundadoras de
la Unión
de Mujeres, siendo la última ejecutada multitudinariamente
por las tropas
reaccionarias, y Joséphine Courbois, que luchó en 1848
en las barricadas de
Lyón, donde era conocida como la reina de las barricadas.
Se debe citar aún
a Jeanne Hachette, Victorine Louvert, Marguerite Lachaise, Josephine
Marchais, Leontine Suétens y Natalie Lemel.
Después de la derrota militar de la Comuna de Paris de 1871,
las fuerzas
conservadoras y reaccionarias, ante la imposibilidad de eliminar
este
ejemplo heroico que demuestra la posibilidad de destrucción
del orden
burgués, difundieron una gran campaña de calumnias
contra el proletariado,
los socialistas, comunistas y en particular contra la I Internacional. "
Algunas fuentes hacen referencia a las incendiarias, les pétroleuses,
que
prendieron fuego a edificios públicos durante la Semaine Sanglante
final de la Comuna. Estas historias parecen ser fruto del alarmismo
antifeminista de inspiración gubernamental, y la mayoría
de los corresponsales extranjeros presentes no las creían.
No obstante, las tropas gubernamentales ejecutaron de manera sumaria
a cientos de mujeres, e incluso se las apaleó hasta morir,
porque eran sospechosas de ser pétroleuses. Con todo, a a
pesar del hecho de que más tarde se acusó a muchas
más mujeres de ser incendiarias, los consejos de guerra no
hallaron a ninguna culpable de ese delito. Sin embargo, hay pruebas
que indican que, durante los últimos días, las mujeres
aguantaron más tiempo tras las barricadas que los hombres.
En total, se sometió a 1.051 mujeres a consejos de guerra,
realizados entre agosto de 1871 y enero de 1873: a ocho se las sentenció a
muerte, a nueve a trabajo forzados y a 36 a su deportación
a colonias penitenciarias." (TODD, 2000: 140-141).
La Comuna de Paris y la destacada participación femenina en
actividades consideradas hasta entonces como masculinas, reafirma
la fuerza revolucionaria de la mujer, ya perfilada a partir de la
revolución de 1789, que se transformó en una oleada
mundial indestructible. Las mujeres, a partir de la Comuna de Paris
pasan a contribuir con gran parte de la fuerza que pone en movimiento
la máquina de la revolución proletaria, indicando que
ellas no dejaran la escena de la lucha de los explotados y oprimidos
por una nueva sociedad de progreso social, de libertad.
Madrid, invierno/2001.
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