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MPT: La teoría de las “dos derechas” y el problema de la independencia de clase.
   24 de diciembre de 2009

 

Pablo Torres

Es un hecho para todos que la derecha pinochetista, tras la primera vuelta, tiene la mayor oportunidad en 20 años –desde que gobernó con la dictadura- de llegar a ser gobierno. Esto expresa un fortalecimiento relativo de la derecha: sacó más de lo esperado (44%) y sobrepasó por mucho más de 10 puntos a Frei –que los analistas consideraban la barrera para tener asegurada la segunda vuelta-. Tuvo los dos partidos más votados de Chile en las parlamentarias: la UDI primeramente y RN que desplaza a la DC, que queda como tercera fuerza política. Tiene mayoría simple en la cámara baja y aquí tiene 40 diputados de la UDI. Pero también es cierto que su votación no fue la mejor de estos 20 años y se mantuvo medianamente parecida a la de su piso histórico. Aún así, la crisis de la concertación, reflejada en la fuga de votos masiva hacia Ominami, en sus quiebres políticos –por izquierda o por derecha- y en su pérdida de base social fue lo más expresivo de las elecciones, y por tanto, lo que le permite a Piñera celebrar con aires de triunfo su instalación en la moneda. Esto ha generado grandes discusiones en los distintos sectores: en la derecha como repartirse entre RN y la UDI los ministerios y cargos de peso en la nueva administración. En la Concertación cómo intentar desesperadamente que salga Frei para mantener viva a la coalición y ganarse los votos de MEO, pero centralmente la necesidad de refundar una nueva centroizquierda. En la izquierda, son cada vez mayores las discusiones acerca del papel que debe cumplir la izquierda en el país, su estrategia y programa y su política actual, que se mantiene abierta. En este documento queremos polemizar con una tesis del MPT –y agarrada también por otros sectores como tipos de G80 o el PC(AP)- de la existencia de “dos derechas”: una pinochetista y otra “nueva derecha” que sería la concertación.

La Concertación y el Partido comunista: estrategia y roles políticos.

La Concertación ha administrado y profundizado la obra de la dictadura en todos sus ámbitos: continuó con la privatización del cobre, del agua, del puerto y las sanitarias -esto último en el gobierno de Frei-; siguió con la precarización laboral: introdujo con la derecha la subcontratación que divide a los trabajadores para dejar millonarias ganancias para las subcontratistas y hacer múltiples negociados en base al menor costo de la mano de obra. Mantuvo la represión al pueblo mapuche. Profundizó la privatización en la educación, manteniendo lo sustancial de la LOCE con la LGE; en la salud impulsó la semi-privatización con la autogestión hospitalaria mientras mantiene en crisis al sistema de salud pública. Sigue otorgando millonarios subsidios y un régimen impositivo casi exento a las patronales mineras, forestales, salmoneras, subcontratistas mientras ya hay casi 1 millón de desocupados y rebajas salariales que ha dejado la crisis. El propio Frei es candidato de un sector de la clase patronal chilena.
Es falso que la Concertación, como dice la editorial de La Nación de este domingo, haya desarrollado su política estos 20 años en pugna con la derecha. Si en algo se afirma el régimen político de la transición pactada, es en la política de los consensos entre la concertación y la derecha, que permitió mantener la institucionalidad que heredó la dictadura. El principal consenso: mantener y profundizar el neoliberalismo en Chile.
Eso es innegable. ¿Pero ello transforma a la Concertación en la derecha como sostiene el MPT? Creemos que ese análisis, además de erróneo contiene un peligro fundamental: mantener abierta la posibilidad de alianzas con sectores “reales” de la centroizquierda cuando giren y posen más a la izquierda, hipótesis más probable de salir electo Piñera.

La Concertación nació como una alianza política de sectores de la patronal –donde la “novedad” era el “PS renovado” que impulsó Arrate- que intentó mostrarse como una alternativa de oposición al régimen de la dictadura que hacía aguas en los 80. Hacía aguas por la crisis que vivía el país, con el 30% de desocupación; con el rescate de los bancos por la crisis bancaria el 83´, el pago de la deuda externa por parte del estado que dejaron los capitalistas; y los inicios de un nacimiento de la resistencia que vio nuevamente en escena al movimiento obrero y popular, aunque el primero fuertemente golpeado, contra la dictadura. Ya se había aprobado fraudulentamente la Constitución del 80, que reafirmaba toda la ofensiva neoliberal tras el golpe. La Concertación se formó en este proceso político, donde iba en ascenso la resistencia a la dictadura. Su núcleo central fue la DC –que había apoyado en su primer momento el golpe- y el PS, ahora transformado en un partido liberal y patronal. El ascenso de la resistencia era un proceso que podía poner en la orden del día la posibilidad de una caída de la dictadura. El régimen intentó endurecer la represión política, pero no le sirvió del todo. La Concertación fue la negociante para desviar la resistencia a la dictadura y lograr una salida política a la dictadura que le aseguraba total impunidad y mantener su obra. El pacto por el plebiscito del 88´, fue la moneda de canje donde la Concertación intentó canalizar la resistencia y lucha contra la dictadura desde amplios sectores sociales. En ese sentido, actuó como toda centroizquierda patronal: conteniendo las luchas en los marcos del régimen –en este caso, dictatorial- e intentando dar soluciones desde los políticos patronales mostrándose como “falsos amigos del pueblo”, es decir, posando como representante legítima de las aspiraciones obreras y del pueblo pobre. Con ello, desviaron la lucha de las masas en el sentido que cambió el régimen político pero mantuvo los pilares de la obra de la dictadura, y con un pacto con ésta selló y aseguró su continuación. Los años que vienen son conocidos como planteamos más arriba.

Pero esa profundización de la obra pinochetista la hizo acompañada de reformas graduales que denostaban cambios en la forma y otorgando ciertas demandas y medidas que permitían mantener su figura como amigos del pueblo: impulsando planes sociales desde los gobiernos regionales; ampliando la cobertura de la salud –sin cambiar el fondo neoliberal de ésta- hacia sectores que antes no tenían; regulando un salario mínimo –que está dos veces debajo de la canasta familiar; ampliando la cobertura del seguro de cesantía –que es una miseria total para cientos de miles de desocupados; ampliando la cobertura de la previsión –pero siendo una miseria y en manos de grandes pulpos capitalistas; toda la red de “protección social” que ahora se pelean los candidato
Pero eso mantuvo expectativas en profundos sectores de masas: trabajadores, mujeres, pobladores –aunque ese agotamiento estamos viviendo-, como es la muestra del amplio apoyo popular de Bachelet.
Pero el rol de la concertación ha sido ese: mantener la obra de la dictadura con otro discurso; mostrarse como “falsos amigos del pueblo”; ser el conglomerado de la contención de las demandas de los trabajadores y del pueblo pobre en los marcos del régimen burgués.
Es el típico papel de un sector de la patronal que desarrolla un discurso, una política y un método de contención de las demandas obreras para mantener la explotación capitalista. Por lo mismo, es la centroizquierda patronal: posa a “izquierda” como falsos amigos del pueblo; pero desde una estrategia patronal: para mantener su régimen de explotación y opresión.

Para el MPT no sería así. Ellos plantean que surgió “la nueva derecha concertacionista”, y es más, también sería parte de ésta el propio PC. Como dicen en su declaración sobre las elecciones, la actual disyuntiva electoral sería “entre la vieja derecha y la nueva derecha concertacionista, capitaneada por la Democracia Cristiana y ampliada hasta la dirección del Partido Comunista”. Ya no tendríamos que solo la Concertación sería la nueva derecha, sino también el PC. Para ellos, la alianza del pacto por omisión y el pacto parlamentario es que “Sólo ocurre que la Concertación se extiende moderadamente hacia la izquierda tradicional”. Si influimos lo que plantean. Primero: la concertación es la nueva derecha. Segundo: la Concertación se amplió al PC. Resultado: el PC también es la derecha. El gran negociador de esta ampliación de la Concertación, y por tanto, que el PC se haya pasado a la derecha, al ser parte de la Concertación, sería nada menos que Arrate.
Esto raya en lo más absurdo. Primero: es un análisis mecánico que no diferencia entre sectores de la clase patronal –conocer al capital es conocer las contradicciones del propio capital y de su clase-: los considera a todos por igual, por tanto, son incapaces de ver y denunciar los bloques que empiezan a formarse al cambiar la forma de hacer política y al intentar la clase patronal tender nuevas trampas hacia los trabajadores y el pueblo pobre, como empieza a discutir ahora. Pero además, la conclusión que se desprende es estratégica y políticamente errónea. Para ellos, la conclusión es que “En suma, el país no se ha democratizado, y no hay avances en términos de progreso y justicia social.”
¡Si justamente es eso lo que hay: una democracia para ricos! La democracia no es pura: tiene un contenido de clase. La democracia pactada fue la instalación de la democracia burguesa en el régimen. Y la justicia y progreso social que existe en esta democracia patronal no es más que la justicia y legalidad de que gozan los capitalistas para explotar a los trabajadores y con ello mantener grandes ganancias.

Considerar otra cosa, sería tener ilusiones en que una “verdadera” centroizquierda u otro sector de la patronal y sus políticos que no sea la derecha, podría efectivamente llevar “la democracia y la justicia social”, tarea estratégica que comparte el PC, y al parecer ahora el MPT, y por tanto, tarea estratégica que al propio PC lo lleva a confluir con un sector de lo que considera la burguesía “democrática y progresista”, teniendo “más democracia y mas justicia social” como su bandera de lucha. El PC, es un partido obrero, con base social obrera y popular y que su rol y estrategia es llevar a cabo una revolución democrática, encabezada por sectores patronales “progresistas”. Esa es la estrategia frentepopulista, la alianza de partidos obreros con partidos patronales “democráticos”, como mostró el Frente Popular de los 30, y luego en el 70 la Unidad Popular en alianza con el Partido Radical, que llevó a los trabajadores y sectores del pueblo pobre a los brazos de un sector de la burguesía –y que recordemos, el propio MIR, llamó a votarlo críticamente-.
El MPT no solo confunde, sino que encubre y deja abierta la puerta a esta alianza y política de colaboración de clases: lo hace planteando esta “nueva derecha” y por tanto, dejando la posibilidad de dejar bien parados a sectores de la centroizquierda –cuya izquierdizacion es lo más probable al ganar Piñera, actuar como oposición e intentar renovar su rol de “falsos amigos del pueblo”- y lo hace también rememorando la estrategia y política de Allende y la Unidad Popular.

Para ellos, el pacto del PC con la concertación plantea que “Más allá de los resultados electorales, de golpe, Chile se ha quedado sin la oposición política de una izquierda que presente una alternativa genuina y no capitalista para las grandes mayorías.”
Es decir, con la política de pactos del PC con la concertación, y por tanto, la ampliación de esta “nueva derecha” hacia el PC, Chile – ¡acá menciona a Chile!, ¡no a los trabajadores y sectores populares!- se quedaría sin esa alternativa. El problema es justamente que antes de los pactos, no existía esa alternativa de los trabajadores. La estrategia de colaboración de clases y alianzas con un sector de la burguesía nacional, el PC la tiene mucho antes de cualquier pacto con la concertación, la lleva desde los años 30. Desde ahí que no es una alternativa genuina de los trabajadores para destruir al capitalismo.

Ramón Poblete, de la Generación 80 que ha venido criticando los pactos del PC con la concertación,  también acuerda con esta “tesis” de que la concertación seria la “derecha progresista” y la Coalición por el Cambio, la derecha conservadora. Si bien concordamos que la Concertación fue la que permitió la recomposición y le allanó el camino al triunfo de la derecha, no concordamos en lo más mínimo con eso de la “derecha progresista”. Y llama a construir entre los “plebeyos” una verdadera izquierda revolucionaria. ¿Pero se puede construir una izquierda revolucionaria si entre sus filas algunos llamaron a votar por MEO, otros primero se aliaron a Navarro para luego terminar de darle el voto a los liberales progresistas? Ahí está el meollo del asunto.

Por una Izquierda Obrera y Socialista. ¡Por una alternativa de los trabajadores!

En lo que sí tenemos acuerdo es que con la concertación y la derecha, “Lo cierto es que, bajo estas circunstancias, los grandes perdedores fueron los intereses de los trabajadores y los pueblos.” Por lo mismo ahora somos parte de coordinaciones comunes impulsando el voto nulo. Pero hay una discusión mayor que hay que abrir. El FPMR en su análisis del resultado electoral plantea “Que la derecha llegue al gobierno no sólo es responsabilidad de la crisis de la Concertación sino también de la izquierda en todas sus expresiones. En el caso del reformismo liderado por el Partido Comunista, a pesar del evidente declive político de la Concertación, renunció a la opción de construcción de una propuesta anti neoliberal autónoma e independiente (aunque sea en el plano electoral) a cambio de la obtención de tres diputados producto del pacto con una Concertación en decadencia. En el caso de la izquierda revolucionaria, no ha sabido todavía hacer tangible una organización a escala nacional para la lucha por las demandas populares, y lograr una incidencia que pueda ser una alternativa de conducción consecuente ante el reformismo o los sectores ligados al bloque dominante, llámense “progresistas”, “populares”, etc.“. Creemos que aquí se encuentra gran parte de la discusión. El PC como señalamos más arriba hace mucho tiempo que dejó tener una estrategia socialista y revolucionaria que lleva a los trabajadores a pelear por destruir el sistema capitalista.
El problema de la izquierda revolucionaria es no tener una estrategia política independiente de cualquier variante patronal que, basada en la clase obrera, luche por destruir el poder de la burguesía y construir su propio Estado obrero basado en sus organismos de autodeterminación. Es decir, tener una estrategia obrera y socialista, de la independencia política de los trabajadores. El PC tiene una estrategia de colaboración de clases con un sector de la patronal. Su intento para “unir a la izquierda” en este proyecto fue el Juntos Podemos inicial. En su misma declaración, planteaban medidas que fortalecían a las Pymes, es decir, a los capitalistas nacionales. El FMPR y MPMR aunque no comparten el método, comparten esa estrategia. Lo mismo el PC-AP. Sectores del MPT también, como el grupo “Socialistas como Allende”. Por lo mismo, la mayoría de ellos fueron parte del Juntos Podemos inicial. Al parecer el conjunto del MPT igual con su conmemoración a la estrategia allendista como hicieron en Septiembre. Esta discusión es central para enfrentar los tiempos que avecinan.

La importancia de los tiempos que se abren, y enfrentar las trampas que la burguesía quiere nuevamente poner a los trabajadores y el pueblo pobre, es fortalecer una alternativa estratégica de independencia de clase, por la revolución obrera y socialista, y construir una Izquierda que pelee por eso. Por lo mismo, los llamamos a abrir esta discusión que hoy tiene la mayor importancia en el terreno de la izquierda.













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