PELEAS DE MUJERES EN UN MUNDO DE HOMBRES
El power sindical femenino
Casadas, solteras, con o sin hijos. Trabajadoras que además de cumplir con las funciones y roles cotidianos se lanzaron de lleno a la dirigencia sindical, donde lo primero que encontraron fue que sus problemas eran considerados "detalles". Hoy luchan juntas, a pesar de venir de distintos mundos, convencidas de que ellas van a cambiar el machismo del gremio. Habrá que ver.
Fue por casualidad en la mayoría de los casos. O porque nadie más quería serlo. De a poco comenzaron a entrar en las directivas de sus sindicatos, levantando tímidamente la mano hasta encumbrarse en altos cargos de la dirigencia sindical. "No sabíamos nada al principio", dice la mayoría de las que ahora son las más notorias piezas femeninas de la dirigencia sindical en Chile. Un movimiento que hoy cuenta incluso con un comité de sindicatos sólo donde acuden ellas. El jueves pasado se reunieron para criticar las recomendaciones de la comisión Marcel, y números en mano, señalar que para ellas es sólo maquillaje. "Discrepamos con la comisión Marcel cuando dice que el sistema no está en crisis, a pesar de lo que señaló Bachelet en su comienzo. Hoy esta comisión dice que no, que no está en crisis.Y es cierto. Las AFP no están en crisis, son los trabajadores los que estamos en crisis", ironizó Magdalena Castillo, encargada del departamento Mujer de la Central Autónoma de trabajadores (CAT). Cerca suyo estaban las representantes de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), y de la Unión Nacional de Trabajadores (UNT). En la instancia las tres representantes estaban de acuerdo. "Algo poco imaginado en el caso de los hombres", coinciden y se ríen.
Georgina Cortés, secretaria de la Organización de Fenats Unitaria, señala que "a pesar de que el 70% de los trabajadores del sector son mujeres, en los cargos sólo hay un 20% de representación femenina".
PURO MACHISMO
El año pasado, AFP Provida tuvo que pagar una millonaria cifra a sus empleados por diferencias en las gratificaciones. Un día inolvidable para Judith Rubio, presidenta del sindicato. Era la primera de varias demandas instaladas en distintas instancias jurídicas en contra de la administradora de fondos de pensiones. "Partí siendo una en medio de cuatro hombres, dice Judith con voz enérgica y una autoridad difícil de contrarrestar. Su principal interés es la seguridad social, y su última preocupación es la comisión Marcel, que según ella "no acaba con el problema de fondo de los trabajadores de este país". Hoy en el sindicato hay cinco mujeres, los hombres brillan por su ausencia en una empresa en la que el 30% son varones.
Cosa que no es habitual. Porque la mayoría de las mujeres que decide involucrarse en las dirigencias sindicales, o en algunas de las centrales de trabajadores, sufren discriminación de algún tipo. "Es duro", dice Magdalena. Magdalena Castillo, de la Central Autónoma de Trabajadoras y Judith Rubio, presidenta del sindicato de Provida, discrepan de la comisión Marcel que dice que el sistema no está en crisis. "Es cierto. Las AFP no están en crisis, son los trabajadores los que estamos en crisis", dicen. Miembro de la CAT, ella actualmente es la encargada del departamento de la mujer de la CAT, y más de algún embiste ha debido sortear. "El mundo sindical es muy masculino, las preocupaciones se centran en temas masculinos, no en los temas femeninos, esos son considerados detalles. Incluso en las negociaciones colectivas, todo se centra en platas, bonos, pero poco en las garantías laborales de las mujeres", asevera. Además cree que las condiciones no están dadas para que la mujer participe activamente en un sindicato: "Yo soy soltera, no sé si con hijos y un marido pudiera dedicarme a esto. Conozco compañeras que se han separado, porque los hombres no comparten esta afición de uno". Y resalta que la poca participación femenina en el mundo sindical es también por miedo. "Los trabajadores piensan que ya debieran agradecer el hecho de tener trabajo y se sienten ligados a la empresa, por eso no se sindicalizan, cuando la verdad es que un buen trabajador no va a ser despedido por el solo hecho de pertenecer a un sindicato".
PURO PODER
"Fui la primera encargada de mujeres de la CUT. En esa época en el ejecutivo de la CUT teníamos derecho a hablar y no a votar. Y a pesar de que luchábamos a la par con ellos, a la hora de lograr la pseudo democracia, seguíamos sin derecho a voto, y eso lo logramos sólo en 1992 y porque amenazamos con una lista de puras mujeres", relata Patricia Coñomán, quien se define como mapuche y comunista. Es presidenta de la Confederación de Textiles ( Contextil). A pesar de ser indígena, lo suyo es la dirigencia sindical: "Va conmigo, es mi elección, luchar por los derechos de los trabajadores", dice.
Para esta dirigente, madre de tres hijos, trabajar con mujeres resulta más efectivo, pero no sólo porque las asambleas mixtas sean poco resolutivas. Dice que derechamente es una cosa de poder. "El gremio es masculino, cuando recién entré me chocó un poco el lenguaje, no por pacata, sino porque yo era hueón y no hueona. No existía la idea de la presencia de las mujeres" y dice que eso ha variado poco, porque a los hombres les gusta la idea del cargo, pero no mucho la de movilizarse. "Las mujeres debemos empoderarnos, y debemos tener claro que si no cambiamos la estructura del poder, no vamos a cambiar la cultura del país. Para eso debemos crear conciencia en las trabajadoras, porque la dictadura jugó un muy buen rol y las mujeres hoy no quieren entender que su plata no es para ayudar a la casa. Además, las reuniones del mundo sindical son después del trabajo y no hablan nada acerca de temas que tienen que ver con nosotras. Eso hace que las mujeres tampoco se sientan atraídas a participar", protesta.
En el mundo de la salud la cosa no parece ser distinta. Lo deja de manifiesto Georgina Cortés, secretaria de Organización de Fenats Unitaria, directora de la Asociación Nº 1 del Hospital San Juan de Dios y vicepresidenta de mujer y familia en la UNT. "A pesar de que el 70 % de los trabajadores del sector son mujeres, en los cargos hay sólo un 20% de representación femenina", parte diciendo. Esto, según ella, se debe a dos factores: "Primero, el cuidado infantil y de la familia. Yo me dediqué de lleno a esto sólo cuando mis hijos estuvieron grandes, antes no podía, porque con suerte podía trabajar. Segundo: las condiciones no están dadas ni siquiera para que las mujeres trabajemos, menos para que además nos preocupemos de nuestros derechos laborales" y agrega otro problema que tiene que sortear: "Dentro del gremio hay mucha persecución hacia la mujer, los hombres ponen tropiezos, quieren los mejores cargos y eso coharta la participación, especialmente en el sector público". Pero aun así, piensa que las cosas pueden variar: "El movimiento sindical va a cambiar de mano de las mujeres, porque los hombres van a seguir haciendo lo de siempre. Ellos ya tienen un chip instalado y no van a cambiarlo. Nosotras, a diferencia de ellos, podemos trabajar unidamente a pesar de ser de distintas centrales sindicales".