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Comentario Político Semanal n º 27
El clima electoral y sus disputas
04 de julio de 2009
Comentario Político Semanal n º 27
El clima electoral y sus disputas Juan Valenzuela La “confesión” de Piñera La derecha viene resaltando que la gira de Sebastián Piñera por Europa –junto a Andrés Allamand y Andrés Chadwick-, ha sido un éxito. Nicolas Sarkozy –el derechista presidente francés-, David Cameron –presidente del Partido Conservador en Inglaterra-, Mariano Rajoy y José María Aznar –ambos militantes del derechista Partido Popular español, y el segundo, ex jefe de gobierno de España-; fueron algunas de las figuras con las cuales Piñera se reunió buscando mostrar a una derecha capaz de establecer vínculos internacionales y con estatura de gobierno. Pero la “guinda de la torta”, sin duda, fue la cita con José Luis Rodríguez Zapatero, el jefe de gobierno español, integrante del PSOE (Partido Socialista Obrero Español), que fue antecedida por una cena con el embajador “socialista” Gonzalo Martner (que también acompañó a la comitiva piñerista a la reunión con Rodríguez Zapatero, lo que ya le está valiendo recriminaciones desde la Concertación). La reunión con Rodríguez Zapatero tenía un objetivo adicional: mostrar a Sebastián Piñera y a la derecha chilena girando hacia el centro político –el mismo objetivo que intentan satisfacer impulsando la llamada Coalición por el Cambio y abriéndose a legislar sobre la “píldora del día después”-. El jefe de gobierno español es una reconocida figura del “progresismo” patronal (que asistió a la reciente “cumbre progresista” en Chile), y los vínculos entre el PSOE y el PS chileno son de todos conocidos. Piñera y la derecha, al reunirse con el jefe del gobierno español en La Moncloa, ya no podrían ser identificados con la derecha “intolerante”, ligada a la dictadura pinochetista. Son capaces de establecer un dialogo con “jefes políticos” y “presidentes”, sin importar el sector del que éstos provengan. Por ello Piñera señaló que la reunión ha sido “histórica, notable, que rompe los mitos de las relaciones de la centroderecha en el mundo” (La Segunda, jueves 2 de julio). Pero Piñera se ha confesado –esta vez con mayor sutileza-: “el Presidente Zapatero nos contó su vida, si liderazgo, la forma en que llegó a liderar el Partido Socialista y cómo ganó dos elecciones seguidas y cómo está gobernando España y nos dio consejos muy valiosos sobre como ganar las elecciones y cómo gobernar un país”. En ese momento les señaló (a la comitiva piñerista), que “cuando fue electo Presidente sintió una emoción inmensa”. Dijo “imagínese la desesperación con que vivimos la campaña porque llevábamos 8 años fuera del poder”. Yo le contesté: “Imagínese la desesperación nuestra, que llevamos 20 años esperando”. Esto provocó una carcajada general” (La Segunda, jueves 2 de julio). En este caso Piñera dice la verdad, la más santa y pura verdad: la derecha lleva 20 años esperando. No llevan 45 años esperando, desde que concluyó el “gobierno de los gerentes” de Jorge Alessandri en 1964, sino solamente 20 años, pues la derecha gobernó con la dictadura Pinochet. Y esos lazos siguen vivos ¿no lo dejó claro Karla Rubilar, repitiendo las falsedades del “mamo” Contreras respecto a algunos casos de detenidos desaparecidos, hace algunos meses? Cuando se trate de atacar los intereses de la clase trabajadora y el pueblo pobre, la derecha empleará los métodos más decididos. Su pasado golpista y dictatorial, que Piñera reconoce, la transforma en el sector más brutal de los políticos patronales. Por ello –como escribimos en nuestro anterior Comentario- es una buena noticia, para los trabajadores y el pueblo pobre, que Piñera esté estancado en las encuestas… Mis amigos son tus amigos, tu clase es mi clase Entre los hechos que han contribuido al estancamiento de Piñera, encontramos la colusión de las farmacias, que hizo público que el candidato RN era accionista minoritario de Fasa, es decir, que obtuvo ganancias de los artificiales aumentos de precios (aunque no haya tomado la decisión de subirlos). Su “condición de empresario” mostró su faz más salvaje: “si se trata de aumentar las ganancias, no importa la salud de las personas más pobres, que no tendrán como pagar los remedios”. Aun sin decidir nada, Piñera fue parte del “negocio”. Eduardo Frei y la Concertación han aprovechado aquel hecho para denostar al candidato derechista. La calidad de accionista minoritario que Piñera poseía en Fasa, demostraría que no estaría capacitado para gobernar, en cuanto sus “intereses privados” pesarían más que los “intereses públicos”. Pero una respuesta más honesta de la Concertación sería: tus amigos son mis amigos. En el reciente foro sobre seguridad ciudadana, del cual participaron todos los candidatos presidenciales, a excepción de Piñera; el candidato díscolo o la “nueva cara de la vieja política”, Marco Enríquez-Ominami, sacó a relucir una llamativa “relación” del sociólogo Eugenio Tironi –miembro del equipo estratégico de la campaña de Frei-: “Aquí hay candidaturas que tienen prominentes asesores de las farmacias y que nos podrán ayudar a entender cómo combatimos la colusión” (El Mercurio, 3 de julio). Se refería al contrato que Tironi firmó con Salcobrand para asesorarla luego de la “crisis” que se abrió con las denuncias de “colusión”. Para no vincular la candidatura de Frei a la “colusión”, Tironi había tomado –justo el día antes- una “sabia decisión”: “Las circunstancias actuales habían convertido este contrato en un issue político, por lo tanto decidimos poner fin a nuestra relación en términos amistosos”. ¿Para qué pelearse, no? El jefe del equipo territorial de la campaña concertacionista, el diputado DC Jorge Burgos, molesto con la intervención de Enríquez-Ominami, le recordó a éste que son de la misma clase: “en esta materia, eso sí, hay quienes prefieren ver la paja en el ojo ajeno y con esto me refiero a los negocios de Max Marambio con la dictadura de Fidel Castro”. Su “comando” es tan “empresarial” como el de Frei, todos tenemos nuestros negocios… El puente agrietado Lo que ocurra en segunda vuelta con los votos de Marco Enríquez-Ominami, será determinante a la hora de definir si el escaño presidencial lo obtiene Frei o Piñera. Del mismo modo, lo que diga o deje de decir Enríquez-Ominami –una vez fuera de competencia-, influirá inevitablemente en la dirección que toman predominantemente sus votantes: o hacia la derecha o hacia la Concertación. La Concertación se ve en una compleja situación: al mismo tiempo que debe disputar un espacio electoral común con Enríquez-Ominami –por lo menos en las ciudades- debe tener un trato tal hacia éste, que permita que las heridas propias de toda disputa sanen con facilidad. Los “confrontacionales”, como Escalona o Latorre, son muy necesarios, y respuestas como la de Frei en casa piedra –que tildó a Enríquez-Ominami de “vocero de Piñera”- también. Son necesarios para impedir que los votos de Frei se “derramen” hacia Enríquez-Ominami, lo que no haría más que debilitar al oficialismo, incrementando sus crisis. Pero si se utilizan solamente ataques, Enríquez-Ominami y sus votantes podrían verse “heridos”, y esas heridas –si son muy irritantes- impedirían que Frei pueda obtener en segunda vuelta sus votos. Por ello, es necesario combinar a los “confrontacionales” con los “dialogantes”: esto explica que una figura de la Concertación tan importante como Guido Girardi, aparezca públicamente respaldando la candidatura del recién renunciado PS Carlos Ominami –padre adoptivo de Enríquez-Ominami y actual impulsor de su campaña-. O que un asesor de confianza de Eduardo Frei como lo es Belisario Velasco, haya lamentado la renuncia de Ominami a la Concertación y al PS. Si sólo hubiese confrontación y “malos tratos” hacia Enríquez-Ominami y su entorno, ¿entonces cómo podría Frei obtener sus votos en segunda vuelta? Hay que construir puentes que acerquen a ambos candidatos. Pero el puente que intenta construir la Concertación, está agrietado. Porque internamente, se abren roces. Ricardo Lagos Weber, candidato a senador por el PPD, respondió ante las declaraciones de Girardi: “Ominami ha tomado una opción, que es abandonar la Concertación. Espero que todos los militantes PPD que apoyamos al Presidente Frei, que apoyamos a los candidatos de la Concertación, mantengamos una línea clara más allá de los afectos personales o coincidencias personales que puedan tener unos y otros, léase Guido Girardi respecto de Carlos Ominami. Espero que Girardi recapacite”. Por su parte, el presidente de la DC, Juan Carlos Latorre señaló: “Girardi debiera meditar los efectos que su actitud trae consigo y que van a afectar directamente a su propio partido a nivel nacional, porque los partidos que son parte de la coalición se deben lealtad entre sí y lo que él está haciendo constituye una afrenta al PS” (La Segunda, 2 de julio). Aunque entre los máximos dirigentes de la Concertación se hayan puesto de acuerdo para dividirse el trabajo entre “confrontacionales” y “dialogantes” –lo que es muy probable por lo señalado arriba-, el efecto de aparecer divergiendo será aumentar la sensación de crisis en la Concertación… ¿Se puede esperar otra cosa si un presidente de partido –Juan Carlos Latorre-, a través de los medios, está diciendo que Girardi –figura histórica de la Concertación- ha cometido nada más y nada menos que una afrenta al PS? Estos roces abren grietas y contribuyen al proceso de desgaste de la Concertación. Por una candidatura obrera independiente de toda variante patronal Los empresarios y sus partidos políticos cuentan con sus candidatos presidenciales y parlamentarios, y comienzan a desplegar cada vez más recursos, hipocresía y energías en pos de obtener votos. A través de los medios de prensa, insisten con sus propuestas, que no rompen con el neoliberalismo. El Juntos Podemos Más ha presentado una candidatura presidencial más bien testimonial: la de Jorge Arrate. La prioridad está puesta en los 4 parlamentarios del PC que irán en la lista de la Concertación y en el voto por Frei en la segunda vuelta. En la mayoría de los distritos no presentarán candidatos, y la clase trabajadora y el pueblo contarán solamente con opciones patronales y neoliberales (en ellas el JPM llamará a votar por la Concertación). De ese modo, el JPM y el PC cumplen el papel de sostener a una Concertación desgastada. La clase trabajadora es la espectadora de estas disputas políticas, y es incluida en todos los cálculos electorales. Pero no cuenta con una candidatura propia, que sea independiente de toda variante patronal. Por una candidatura así –que sirva para cuestionar la cesantía, la subcontratación, los salarios de hambre, el robo de las AFP, y la pobreza-, lucha Clase contra Clase. Para fortalecer esta lucha es necesario construir un Partido de Trabajadores Revolucionario, y proponernos como objetivo levantar una República de Trabajadores, para acabar con la explotación y la opresión. 4 de julio |