Desde hace poco más de diez años el mundo se ha visto sacudido por una serie de acontecimientos relevantes. Comenzando por el colapso de los países del mal llamdo socialismo real. Y tras esto, hemos pasado por una renovada ofensiva del imperialismo y sus burguesías sirvientes de las naciones semi- coloniales, muy especialmente en el plano ideológico. Aunque también descomponiendo a importantes sectores de la clase obrera, creando un gigantesco ejército industrial de reserva. Al mismo tiempo, generando nuevos batallones del proletariado. Hemos sido sacudidos también por la sucesión de guerras de las naciones imperialistas contra naciones oprimidas. La clase obrera y las masas fueron arrinconadas y puestas a la defensiva, para despertar más tarde con verdaderas guerras obreras y hasta situaciones semi- insurreccionales, en un proceso de recomposición tortuosa no exenta de avances y retrocesos. Sus organizaciones sociales y políticas también colapsaron. Es el caso claro de las organizaciones sindicales. También de sus partidos. En el caso de los Partidos Comunistas, giraron abruptamente a la derecha socialdemocratizándose. En muchos casos hasta abandonaron el nombre de Comunistas. No fue el caso del Partido Comunista de Chile. También debimos sufrir las consecuencias de una profunda crisis económica internacional, causada por la misma lógica del desarrollo del capitalismo imperialista.
En este convulsivo fin de siglo, algunos autores- propagandistas de la burguesía-, hablaron del fin de la historia. Algunos intelectuales de izquierda adhirieron a este postulado.
Otros autores, conmocionados, atropellaron la cronología establecida y hablaron de un corto siglo XX. En sus manos, la historia se frenaba, acelaraba o directamente deshacía. Fue (y es) el reflejo ideológico de ese arrinconamiento de la clase obrera y de la renovada ofensiva imperialista.
Su tortuoso resurgir, obliga a los marxistas a retomar las tradiciones teóricas y políticas del marxismo clásico. La mejor época de la tradición teórica marxista fue aquella en que el pensamiento teórico y estratégico constituía una unidad.
Es partiendo de esta consideración que realizamos este trabajo de historia del Partido Comunista de Chile. Y en este esfuerzo, retomamos críticamente las consideraciones de tres de los más grandes teóricos y dirigentes del marxismo revolucionario del siglo XX: Lenin, Trotsky y Gramsci.
Gramsci fue, y es, uno de los más controvertidos dirigentes del marxismo de nuestra época. En general ha sido rescatado por el reformismo. Nosotros queremos recuperar algunas de sus consideraciones teóricas útiles a nuestros fines. En este caso, en lo referente a la realización de la historia de un partido político. "Cuando se quiere escribir la historia de un partido político es necesario en realidad afrontar toda una serie de problemas mucho menos simples de cuanto cree Robert Michels, por ejemplo, que sin embargo es considerado un especialista en la materia (...) Evidentemente, será necesario tener en cuenta el grupo social del cual el partido en cuestión es la expresión y la parte más avanzada. La historia de un partido, en suma, no podrá ser menos que la historia de un determinado grupo social. Pero este grupo no está aislado; tiene amigos, afines, adversarios, enemigos. Sólo del complejo cuadro de todo el conjunto social y estatal (y frecuentemente también con interferencias internacionales), resultará la historia de un detereminado partido, por lo que se puededecir que escribir la historia de un partido no significa otra cosa que escribir la historia de un país desde un punto de vista monográfico, para subrayar un aspecto característico".
Por su parte, Trotsky indica que: "La historia de la revolución, como toda historia, debe, ante todo, relatar los hechos y su desarrollo. Pero esto no es suficiente. Es menester que del relato se desprenda con claridad por qué sucedieron de ese modo y no de otro. Los sucesos históricos no pueden considerarse como una cadena de aventuras ocurridas al azar, ni engarzarse en el hilo de una moral preconcebida, sino que deben someterse al criterio de las leyes que los gobiernan. El autor del presente libro entiende que su misión consiste precisamente en sacar a la luz esas leyes".
Por último, rescatemos el método característico de Lenin, relatado a través de una anécdota por Trotsky: "Los universitarios liberales rogaron al conferencista que prescindiese en lo posible de dar a sus conferencias un tono polémico. Pero Lenin, en este punto, no admitía condiciones, y empezó la primera lección declarando que el marxismo era una teoría revolucionaria y, por lo tanto, polémica por naturaleza".
En este trabajo intentamos recuperar estas consideraciones. Efectivamente, realizar una historia materialista dialéctica, las relaciones orgánicas del partido en cuestión con las clases, los partidos, las instituciones, la estructura y la historia general de un país. En este intento, rescatar el análisis causal y las leyes que gobiernan su desarrollo, aspecto tan vapuleado por los teóricos e historiadores actuales, incluso muchos que se dicen marxistas. Por último lo realizamos en forma polémica, pues consideramos que la elaboración teórica es un terreno más de la lucha de clases.
Sobre estas consideraciones generales podemos introducirnos en nuestra materia. La combativa clase obrera chilena ya desde fines del siglo XIX comenzó a construir sus propias organizaciones de clase para el combate y la defensa de sus intereses. Fueron el resultado de combates heróicos, del látigo de la superexplotación patronal y de un progresivo avance en su conciencia de clase y en su conciencia política de clase. En la segunda década del siglo XX, culminó este enorme esfuerzo de cientos de miles de trabajadores en la fundación del Partido Comunista de Chile, uno de los primeros y más importantes de América Latina.
Su fundación fue el resultado también del impacto en nuestras tierras de la primera revolución obrera triunfante de la historia de la humanidad, el Octubre ruso de 1917, y del enorme prestigio alcanzado por el partido de Lenin y Trotsky, que impulsó a su vez la formación de la Internacional Comunista en marzo de 1919.
Este hecho fundacional resultó gravitante, separando concientemente a los partidos de la clase obrera y al movimiento marxista internacional, entre aquellos que luchaban revolucionariamente por los intereses históricos de la clase obrera, y aquellos que abiertamente traicionaban sus intereses. En el período que va de 1919 a 1933, los Partidos Comunistas y la Internacional Comunista declaraban combatir al imperialismo y los regímenes burgueses en lucha por la dictadura del proletariado y la revolución socialista internacional. Es en esta batalla que combatían asímismo a los sostenes del orden imperialista mundial al interior del movimiento obrero, la socialdemocracia, los partidos social- imperialistas que habían sido el eslabón indispensable para desencadenar la gran masacre en la primera guerra inter- imperialista mundial, que habían sido los responsables de las derrotas del ascenso revolucionario que la procedió, y que eran ya en muchos casos administradores directos de los regímenes burgueses de sus propios países.
A partir de 1933 con el llamado de Trotsky a construir un nuevo partido revolucionario en Alemania y el posterior llamado a construir una nueva internacional, la IV, se re-editó la antigua divisoria entre aquellos que luchaban revolucionariamente por los intereses históricos de la clase obrera, y aquellos que abiertamente traicionaban sus intereses, ahora usurpando las banderas de la Revolución de Octubre y Lenin. Combate que se había iniciado años antes al interior del Partido Comunista de Rusia y de la Internacional Comunista (IC).
Esta lucha entre stalinismo y trotskysmo al interior del movimiento marxista mundial incidió en el proceso de la evolución y desarrollo del PC de Chile hasta darle su forma definitiva. La lucha al interior de la IC entre stalinismo y trotskysmo, y el posterior encaramamiento de la fracción stalinista en su dirección hasta su consolidación, es indispensable para entenderlo.
A su vez, este proceso al interior de la IC, y su resultado, convergió con la evolución de la clase obrera de nuestro país, y contribuyó a asentarla en la nueva dirección que comenzaba a adquirir. El Partido Comunista de Chile se gestó en un momento que podemos denominar de transición entre un primer período, el "período heróico", que va de 1890 a 1925 y un segundo período inmediato a partir de los '30 en que se produjo su estatización con Ibañez y su difuminación como clase- tras el populismo burgués del gobierno de Alessandri en 1920- y la conciliación de clases con los partidos burgueses "democráticos" y "progresistas" en los Frentes Populares con el Partido Radical. Experiencias que luego refundió desde los '50 combinando las características esenciales de cada uno de estos dos períodos, y que en los '70 intentó en un esfuerzo supremo quebrar rompiendo con los rasgos esenciales de la segunda etapa.
Siendo el resultado y el momento culminante de un gran ascenso y esfuerzo monumental de nuestra clase obrera, y después del primer período de gestación, el Partido Comunista de Chile, al mismo tiempo que fue parte orgánica de la clase obrera y el pueblo, que aumentó en tamaño e influencia, que sufrió cárceles, relegaciones, clandestinidad, exilio, desapariciones y torturas de sus cuadros y militantes, se desarrolló en tijeras respecto de la lucha de clases y los intereses históricos de la clase obrera, recostando su estrategia sobre las características que marcaron al movimiento obrero en el segundo período que arriba nombramos, características que a su vez el mismo Partido Comunista ayudó a conformar. Esta afirmación que puede parecer paradójica es lo que intentaremos mostrar en las páginas que siguen.
Son muchos los estudios sobre el Partido Comunista de Chile, y en estos se han establecido distintas periodizaciones de su historia. Orlando Millas, en el prólogo al libro de H. Ramírez Necochea parte en su periodización desde los orígenes de la clase obrera. Otros autores lo han hecho desde las grandes líneas políticas (frente popular, frente de liberación nacional y social, unidad popular). Y otros más lo han hecho desde los hechos "institucionales" del partido (sus congresos y conferencias).
Nosotros, que haremos llegar esta historia crítica hasta el gobierno de la UP, establecemos, con los criterios más arriba señalados, una periodización, para mejor entender tan larga historia, en cinco grandes momentos: 1) el período de la gestación y fundación; 2) el período de la llamada bolchevización; 3) el período centrista; 4) el período de la estrategia de conciliación de clases puesta en acción; 5) el período de la estrategia de la conciliación de clases ante la prueba decisiva de la revolución.
A su vez, realizamos una contrastación polémica con algunos de los innumerables trabajos escritos sobre el tema, con sus distintas argumentaciones y explicaciones, pues creemos que es la mejor manera de contribuir al avance del pensamiento teórico y político, presentando elementos centrales de las distintas visiones para que el lector pueda extraer sus propias conclusiones.
Partiendo de la consideración de intentar reconstituír esa unidad entre pensamiento teórico y estratégico, queremos enfatizar un aspecto de esta unidad. Nuestro hilo conductor no es la vida institucional del PC de Chile, tampoco su vida interna, sino su estrategia política y su relación con la lucha de clases y los intereses históricos de la clase obrera. De esta manera, creemos contribuir a hacer una historia útil a la militancia obrera y juvenil y a la militancia política, lo que podríamos llamar un trabajo de historia militante, y no un trabajo académico, que con todo lo valioso que pueda resultar, se abroga el carácter de "objetivo" contribuyendo indirectamente a la devaluación del pensamiento teórico y político de los trabajadores y la militancia. Este énfasis está dado porque consideramos que efectivamente esa unidad entre el pensamiento teórico y el estratégico sólo puede realizarse en el combate por la construcción de un partido revolucionario, en la militancia política revolucionaria.
|